LOS JERARCAS DEL NACIONALISMO VASCO Y SU HISTORIA SOÑADA



«Saldrán muchos falsos profetas y extraviarán a mucha gente; al crecer la maldad se enfriará el amor en la mayoría, pero el que resista hasta el final se salvará» (Mt 24, 11-13)
La semana pasada nos llenaba de indignación la noticia de la prohibición de las banderas nacionales en la concentración llevada a cabo en el Cerro de los Ángeles y la censura del nombre de España en los carteles editados en vascuence por la Archidiócesis de Pamplona. Hablábamos entonces de una división en la Iglesia que, tal vez, pareciera a algunos exageración por nuestra parte. El 30 de junio de 2009, los obispos que tienen su sede en Vascongadas se han vuelto a situar a la cabeza de la indignidad al hacer público un manifiesto (“Carta Pastoral conjunta” lo llaman algunos) en el que hacen saber su decisión de promover una serie de iniciativas en homenaje y reivindicación a un grupo de sacerdotes que fueron ejecutados con posterioridad a la ocupación de la provincia de Guipúzcoa por las tropas nacionales durante la pasada Guerra Civil Española.
Los obispos de Bilbao (Ricardo Blázquez, y su auxiliar, Mario Iceta), el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, y el de Vitoria, Miguel Asurmendi, estiman ahora oportuno recordar unos sucesos que tuvieron lugar hace más de setenta años y que no fueron sino una de las más dramáticas expresiones del compromiso de parte de la jerarquía eclesiástica con el nacionalismo vasco. Podían haberlo hecho mucho antes, han podido esperar otros setenta años, pero han elegido el momento en que, por primera vez en la historia de la democracia, los nacionalistas han sido desalojados de las instituciones por la voluntad de los ciudadanos vascos expresada democráticamente. Y es ahora cuando acuden a este recurso para reforzar las causas del antifranquismo y del antiespañolismo, al parecer en retroceso. Deplorable aportación a la causa común del nacionalismo por parte de una “Iglesia” que paga con la esterilidad y la irrelevancia su propia infidelidad.
El texto que ha salido de las plumas episcopales parece en sus conceptos y en sus términos inspirado por la ideología de la memoria promovida en España desde hace años por la izquierda y los nacionalistas como parte integrante de su discurso en el que la manipulación de la historia y del pasado se convierten en una de las herramientas más útiles a la hora de consolidad el proceso de revolución cultural que cierre la trayectoria de los últimos años con una segunda transición. Lejos de cualquier motivación sobrenatural, ellos confiesan como conclusión del manifiesto que se trata de un alcanzar objetivo puramente intramundano: «mirar al pasado para aprender a construir un presente y un mañana nuevos».
Preocupante es el presente y el futuro que proponen construir los obispos vascos sobre una mirada deformada del pasado. El documento que estamos glosando carece de cualquier alusión al contexto histórico, al proceso revolucionario que sufrió España en los años treinta, a la persecución religiosa (esta palabra ni se cita), a una guerra cuya justicia fue reconocida por el episcopado español y extranjero y a una victoria que Pío XII calificó en términos encomiásticos. Por supuesto, ni palabra acerca de la Instrucción de los Obispos de Pamplona y Vitoria reprochando a los nacionalistas su colaboración con los marxistas y, menos aún, cualquier referencia al compromiso político del clero vasco y a su intervención partidista en el conflicto. Especialmente injusta es la falta de toda referencia al Primado de España, Cardenal Gomá, y al Jefe del Estado, Generalísimo Franco, que pusieron fin con su intervención personal a las ejecuciones de sacerdotes condenados por tribunales de guerra bajo la acusación de actividades a favor del bando frentepopulista. Falso es también que aquellos sacerdotes fueran «relegados al silencio», aparte de las intervenciones citadas, las circunstancias de algunas de estas muertes aparecen en trabajos tan tempranos como el publicado por el jesuita padre Bayle en 1940 (El clero y los católicos vasco-separatistas) y en otros libros y sus nombres fueron recogidos en la Lista nominal de las bajas sufridas por la Iglesia española durante la guerra civil, de 1936 a 1939, en obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas aparecida en la Guía de la Iglesia en España editada por la Oficina General de Información y Estadística de la Iglesia en España en 1954.
Pero la manipulación se da la mano con la vileza cuando se quiere identificar a todas las víctimas bajo el señuelo de que «fueron más de setenta los sacerdotes y religiosos ejecutados en la diócesis de Vitoria, en los territorios controlados por uno u otro bando». Señores obispos: ustedes silencian que solamente hubo persecución religiosa y mártires en la aquella parte de las provincias vascas que quedó bajo el dominio de los rojo-separatistas. Como dejó sentado D.Antonio Montero Moreno (hoy Arzobispo Emérito de Mérida-Badajoz) después de su serena investigación histórica publicada en 1961, justa o injusta la muerte de los sacerdotes que ustedes se proponen ahora homenajear no se debió a su carácter sacerdotal o a su ministerio sagrado. Y Salvador de Madariaga, republicano y liberal, dio por zanjado el asunto al concluir que «hay mucha distancia en malos tratos y muertes (por detestables que fueran, como lo fueron) por razones políticas, y a pesar de ser sacerdotes, y un asesinato en masa de sacerdotes precisamente por serlo». Por el contrario, en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, fueron asesinados cincuenta y cinco sacerdotes y religiosos porque no fueron objeto de la protección que amparaba a quienes profesaban la ideología nacionalista; buena parte de ellos, en los barcos-prisiones y en las cárceles de Bilbao, sede del Gobierno autónomo vasco. Ante el intento, viejo como la mentira y el demonio, de deformar lo ocurrido en Vascongadas, el Cabildo de Vitoria denunciaba la persecución religiosa sufrida en unas declaraciones publicadas en la prensa nacional en julio de 1937:
«1°. La inmensa mayoría de los sacerdotes se ha visto obligado a vestir de seglar aun en el mismo Bilbao; 2°. Muchos han sido vejados, perseguidos y encarcelados sin proceso ni juicio alguno; 3°. Muchos han sido asesinados, sin que se sepa de castigo alguno impuesto a los culpables; 4°. Las casas de no pocos de ellos han sido allanadas y saqueadas a cualquier hora del día y de la noche; 5°. No se ha llevado públicamente el Santo Viático, ni se han conducido solemnemente los cadáveres, fuera de algunos de personas destacadas, contrastando esto con la asistencia de autoridades vascas a una porción de entierros civiles de jefes de milicianos muertos en el frente; 6°. Apenas ha habido cultos vespertinos ni predicación en muchas iglesias; 7°. Las mujeres han tenido que acudir a ellos y llevar la mantilla puesta por las calles, so pena de ser insultadas groseramente. 8°. Las iglesias han estado contra costumbre cerradas durante gran parte del día; 9°. Bastantes han sido convertidas en almacenes de víveres, cuarteles, salas de baile y hasta prostíbulos, como las de Ubidea y Ochandiano, etc., no disponiendo algunas poblaciones ni de las precisas para satisfacer la piedad de los fieles; 10°. Se han proferido blasfemias horribles, procaces dicterios contra la Iglesia y las jerarquías católicas desde la emisora del Gobierno vasco, establecida en el mismo palacio presidencial. Junto a estos hechos, ¿qué significa la apertura de un seminario, la exención de los sacerdotes del cumplimiento de las leyes militares y algunos otros, de más apariencia que realidad?».
Solamente nos queda esperar, que si todavía existe dignidad en una institución que antaño fue gloriosa, quien tenga autoridad para hacerlo ponga coto a esta arbitrariedad, impida la ejecución de este proyecto político y pida responsabilidades a sus promotores. Si no es así, si una vez más nos vemos obligados a lamentar la cobardía o la complicidad de quienes prefieren aparecer como encubridores de la ideología que en España carga las metralletas, tendremos que recordar, para conservar la fe, que la doctrina de la Iglesia no es la de estos lobos disfrazados de pastores sino la de aquellos que, como el Cardenal Gomá, condenan al nacionalismo afirmando «que surge contra el Estado y sacude el yugo común que aunaba en la síntesis de la Patria única a varios pueblos que la Providencia y la historia redujeron a un denominador común». (cfr. Catolicismo y Patria, VI). Porque la doctrina católica predica a los pueblos la justicia y la caridad, también en el orden político y es la justicia y la caridad la que, «dentro de un mismo Estado, impone el respeto a vínculos derivados de los hechos y principios legítimos que forman de varios pueblos una gran Patria» (ibid.). Para concluir, con esperanza, que una vez silenciados quienes odian aquello que nosotros amamos, nuestra España volverá a ser: «Una, con la unidad católica, razón de toda nuestra historia; grande, con la grandeza del pensamiento y de la virtud de Cristo, que han producido los pueblos más grandes de la historia universal; y libre “con la libertad con que nos hizo libres Cristo” porque fuera de Cristo no hay verdadera libertad» (ibid.,VII).

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SOBRE LA UNIÓN DE CRISTO "EN CIERTO MODO" CON TODA LA HUMANIDAD

Nos contentaremos con remitir al doctor Angélico. Santo Tomás escribe que:

1.- La persona del Verbo divino asumió una naturaleza humana individual: assumpta est in individuo quia assumpta es ut sit in individiu (la naturaleza humana fue asumida por el Verbo en condiciones de individualidad porque fue asumida para subsistir en una persona individual) cfr. Summa Theologiae III, q.4, a.4

2.- La persona divina del Verbo no se encarnó en todos los individuos de la naturaleza humana (es decir, no "se unió a todo hombre") Y ello por tres motivios.

a) Porque de haber sido tal el caso, al ser la persona divina el único sujeto de la naturaleza humana asumida por el Verbo encarnado, se habría eliminado la multiplicidad de los sujetos que es connatural a dicha naturaleza humana.

b) En segundo lugar, se habría aminorado la supremacia absoluta del Hijo de Dios encarnado sobre la humanidad entera, porque si hubieran sido asumidos por el Verbo todos los hombres, tendrían todos Su misma dignidad; pero Él por el contrario, es el primogénito entre muchos hermanos (Rom 8, 29) según la naturaleza humana, igual que fue engendrado antes que toda criatura (Col 1,15) según la naturaleza divina.

c) Por último, convenía que a la única persona divina encarnada le correspondiese una única naturaleza humana asuminda: como se encarnó un único sujeto divino, de igual manera se asumiría una sola naturaleza humana para que de ambas partes se hiciese la unidad (S Th III q.4 a.5)

Tomado de: SI SI NO NO (EDICIÓN ESPAÑOLA): número 201; abril-2009

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26-junio: FIESTA DE SAN PELAYO, MÁRTIR



Martirio de San Pelayo: Retablo de Olivares de Duero
(http://www.villadeolivaresdeduero.es/pinturas.html)

Nace a comienzos del siglo X, en Albeos, diócesis de Tuy (Galicia) Durante el califato de Abderramán III, es hecho prisionero en la batalla de Valdejunquera. En Córdoba el niño pasa cuatro años en la cárcel. Con una profunda fe en Cristo, al negarse a renunciar a su fe y su dignidad, muere martirizado el 26 de Junio del año 925. Tiene entonces trece años de edad.

Sus reliquias, recogidas por los cristianos de la ciudad, se trasladan hacia el norte de España. La peregrinación desde el lugar de su martirio hasta Oviedo difunde la noticia del testimonio impresionante del joven Pelayo. Numerosas parroquias lo adoptan como santo patrono. Sobre todo en León donde, en un primer momento, depositan sus reliquias en un monasterio construido a tal efecto. Una vez en Oviedo, en el año 994, la comunidad de monjas benedictinas que lo acoge coloca la urna de las reliquias debajo del altar mayor de la Iglesia del cenobio, que a partir de entonces pasar a llamarse “Monasterio de San Pelayo” (www.monasteriosanpelayo.com)

Oración

Señor, Padre nuestro, que prometiste a los limpios de corazón la recompensa de ver tu rostro, concédenos tu gracia y tu fuerza, para que, a ejemplo de san Pelayo, mártir, antepongamos tu amor a las seducciones del mundo y guardemos el corazón limpio de todo pecado. Por nuestro Señor Jesucristo.

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TRAS LA POLÉMICA PROHIBICIÓN DE BANDERAS DE ESPAÑA, AHORA SE DESCUBRE LA CENSURA DEL ARZOBISPADO DE PAMPLONA



España, ausente de los carteles en euskera de la archidiócesis de Pamplona sobre el acto del Cerro de los Ángeles

La archidiócesis de Pamplona-Tudela envió a sus parroquias dos carteles anunciando una peregrinación al Cerro de los Ángeles con motivo de de consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. El cartel en castellano incluía el nombre de la nación española. El mismo no estaba presente en el cartel en euskera.

Publicado el 2009-06-25 13:41:00

(InfoCatolica) El texto en castellano rezaba así:

Peregrinación el Cerro de los Ángeles. Renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús.

El contenido del mismo acto en el cartel en euskera:

Cerro de los Angelesera Jesusen Bihotzari. Egindako Konsagrazioa Berritzeko Erromesaldia.

Fuente: INFO CATOLICA: http://www.infocatolica.com/index.php?t=noticia&cod=3641

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BANDERAS ARRIADAS









Varios de los asistentes al acto que tuvo lugar el pasado domingo en el Cerro de los Ángeles han hecho saber que por parte de la Organización se había dispuesto la retirada de todas las banderas de España, muchas de las cuales aparecían ornadas con el Sagrado Corazón de Jesús, símbolo católico donde los haya que es frecuente ver en peregrinaciones europeas junto al respectivo emblema nacional. Algunos así, lo hicieron, otros se marcharon o se mantuvieron discretamente apartados del entorno recogido por las cámaras.

Detrás del suceso hay algo más que una anécdota porque lo ocurrido es expresión perfecta de las dos cosmovisiones que desgarran al mundo católico. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nació y se extendió vinculada de una manera muy especial a esa corriente puramente católica pero que se puede definir por su oposición al jansenismo en el siglo XVIII, a la Revolución en el XIX o al comunismo en el XX. Por eso siempre despertó el odio y la persecución de ilustrados, jansenistas, jacobinos, liberales, masones, socialistas… Esta devoción tuvo siempre grandes enemigos, incluso entre quienes —como los jansenistas o los católico-liberales— se pretendían representantes de las más puras esencias del cristianismo o detentaban altos cargos eclesiásticos. Mártires del Sagrado Corazón fueron, entre otros, los miles de católicos masacrados en la Vandea, el presidente de Ecuador García Moreno, los cristeros mejicanos y los caídos de nuestra Cruzada. Todos ellos tienen en común haber reivindicado de manera efectiva la obligación que tenemos de sustentar también el orden temporal sobre la Revelación. De ahí formulaciones como la de la Realeza Social de Jesucristo.

Por eso es perfectamente explicable que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús entrara en una profunda crisis cuando ideas inspiradas en el liberalismo y el socialismo, bajo el manto común del neo-modernismo condenado por la Humani Generis de Pío XII se hicieron predominantes al socaire de la nouvelle théologie y de la teología de la liberación y de sus respectivos postulados asumidos en el discurso oficial. Al tiempo que sobrevivía como elemento de identidad de quienes nos resistíamos a aceptar la traición, surgían grupos que —como ha dicho el Cardenal Rouco Varela— trataban de «recuperar y renovar, en clave del nuevo marco teológico y espiritual abierto por el Concilio Vaticano II, la teología del Sagrado Corazón de Jesús» (http://www.zenit.org/rssspanish-31610). La frase con la que se abría la fórmula pronunciada de manera colectiva por todos los asistentes al acto del domingo no podía ser más expresiva: «Hijo eterno de Dios y Redentor del mundo, Jesús bueno, tú que al hacerte hombre te has unido en cierto modo a todo hombre». Expresión confusa, tomada de Gaudium et Spes, 22, que con la vaporosa fórmula “en cierto modo” no logra disipar la abolición de toda distinción entre el orden natural y el sobrenatural, una de las tesis mas queridas y de consecuencias más nefastas de la nouvelle théologie.

En el Cerro de los Ángeles chocaron el pasado domingo dos teologías contradictorias y excluyentes por su propia naturaleza. Por eso todo el peso de la oficialidad cayó sobre una de ellas. Las banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús vienen a recordar que la consagración de España —si se quiere auténtica— es un acto plenamente político, aun cuando su finalidad sea el cumplimiento de un deber social de religión. Además, su efecto secundario, el bien común temporal, es de naturaleza también netamente política. El acto del domingo, lo ha dicho con toda claridad el Cardenal Rouco: «Lo hacemos, naturalmente, en un contexto de relaciones Iglesia-Estado distinto que en 1919. Estamos en un Estado aconfesional, en un Estado laico, en el sentido positivo de la expresión, que no es confesional, pero está abierto, por la vía del reconocimiento de la libertad religiosa, a este tipo de expresiones».

Sinceramente, si yo me presento con mi bandera del Atlético en el acto de presentación de Cristiano Ronaldo y la dirección del Real Madrid me dice que me vaya no tengo derecho a quejarme. Nadie me había invitado a aquella fiesta.

Publicado en: http://www.diarioya.es/content/banderas-arriadas



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Las referencias publicadas por otros testigos confirman la anterior noticia

...La Organización de los actos conmemorativos de la renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón había dispuesto la retirada de todas las banderas de España. Y así lo hicieron, una a una, de entre las veinte mil personas allí congregadas, dentro de la explanada que sirve de base al magnífico monumento del Cerro de los Ángeles. La orden era clara y rotunda. Rechazar la España antes descrita y representada en los colores de su Enseña Nacional. Es la renuncia expresa al catolicismo en España, a su unidad religiosa, a su historia, sus mártires y sus santos. Por enemistad, cobardía o complejo se quisieron arriar las banderas.

Se nos insistió hasta la saciedad que retirásemos la bandera que nosotros portábamos con el Sagrado Corazón en el centro. Nos negamos a ello a pesar de habernos quedado solos en la resistencia. El resto de banderas que ondeaban fueron rendidas incluso por orden de aquellos jefes cuyos antecesores las habían custodiado, a sangre y fuego, en las calles, las plazas y los montes de España. Al ultraje se unía la traición, salvo aquellos que tomaron su bandera y se marcharon a escuchar la Santa Misa donde no fueran rechazados, cumpliendo con la consigna aprendida de ser incapaces de pactar con sacrificio del Ideal...

http://lascrucesdelasespadas.blogspot.com/2009/06/la-bandera-de-espana-no-se-arria.html

Los que se fueron:

Mi caso personal. Madrugué e hice madrugar a mi esposa y mi niño de 5 meses para evitar problemas al llegar. Subimos, hasta donde nos dejó la organización. Allí dejé a mi mujer con mi hijo, mientras yo volvía a bajar para aparcar (en eso, me pareció estar relativamente bien organizado). Al volver a subir, ya andando, me encuentro con la noticia de que no dejan vender banderas de España con el Sagrado Corazón, por su implicación política, mientras si se dejan vender a otros, camisetas de con el Sagrado Corazón y la leyenda "Reinaré". Y lo "mejor" de todo, instrucción de los representantes de la organización allí presentes de plegar las banderas de España con el Sagrado Corazón, que amigos de Madrid y el resto de España portaban identificando, lo que parece ser nada tenía que ver con el acto, España y el Sagrado Corazón. Con la misma, y previo aviso a quien correspondía, recogí a mi mujer y mi hijo, me largué de allí, a asistir a misa tranquilamente, oficiada por un sacerdote amigo. Era preferible a quedarse en un sitio, donde a uno no lo querían y ademas te provocaban el faltar a la caridad o algo peor. Una lástima.
Más comentarios:

http://embajadorenelinfierno.blogspot.com/2009/06/que-consagracion.html

http://www.religionenlibertad.com/opiniones/sobre-reciente-fallida-consagracion-espana

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Prohibida la bandera de España en el Cerro de los Ángeles



Me sorprendió ver por Televisión a los asistentes al acto tan quietecitos, ni un tremolar de banderas, ni una gota de entusiasmo visible. Ahora sabemos que todo estaba preparado. Porque banderas había y entusiasmo también. Pero los organizadores, no querían que se repitiera el valiente testimonio de españolidad que vimos en San Pedro de Roma con ocasión de la última beatificación de mártires españoles... En el Cerro de los Ángeles las banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús estaban prohibidas. Nos lo han testimoniado quienes estuvieron allí:

...Hoy, 21 de junio de 2009, he asistido a la “Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús” en el Cerro de los Ángeles y no menos de media docena de responsables/auxiliares de la organización del acto han pretendido que las banderas que portaba mi grupo de familiares y amigos desaparecieran. Eran banderas sin ningún tipo de escudo o con un Sagrado Corazón a modo de él, dicho sea para los suspicaces. En algún otro punto del espacio interno de la verja que rodea al monumento, otras banderas similares, incluso las situadas a tres metros de las cabezas de los fieles asistentes (estaban sujetas en el extremo de telescópicas cañas de pescar) han sido mansamente arriadas, mientras que sombrillas, paraguas, banderas blancas de asociaciones religiosas y pequeñas pancartas alusivas a la familia cristiana impedían la vista a parte del público.

Los argumentos de que no era verdad la excusa de “no dejar ver”, pues no se exigía el “arriar” paraguas, sombrillas y demás objetos elevados, no hacían mella en los encargados de transmitir la consigna, instigados, sin duda, por alguien que les exigía la desaparición del símbolo de esa España que se volvía a consagrar, con muchísima menos Fe, nula asistencia de la Monarquía y de Autoridades, y algo menos de la cuarta parte de los obispos con sede episcopal, eméritos y demás. Eso sí, a alguno pude leer en sus ojos que le calaba el argumento de que mentir es pecado, y que era mentira lo de la visibilidad, pues no reclamaban que se cerraran las sombrillas. Además, si tanto les preocupaba la visibilidad a los organizadores, podían, e incluso deberían, haber utilizado la explanada elevada que hay al pié del monumento, donde, por cierto, pululaban con poca atención y respeto, miembros diversos de esas “asistencias” (protección civil, cruz roja, voluntarios, etc) y público enchufado que siempre dan la nota en cualquier acto (incluso religioso). Pero es que, además, alguno de aquellos lobotomizados y obedientes encargados del “orden”, al hacerle ver que era un acto eminentemente referido a España donde no podía sobrar su bandera, dijo, sin duda repitiendo la teórica repetidamente escuchada, que “el venía allí para la consagración del Mundo al Sagrado Corazón”, quedándose tan fresco...

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LA COMUNIÓN TRADICIONALISTA Y LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN



La devoción al Sagrado Corazón de Nuestro Redentor, tan rica en valor teológico y espiritual, no tiene sólo una dimensión individual, sino que su profunda verdad se desborda también en significación política. El augusto misterio del misericordioso Corazón humano del Verbo encarnado no encierra sólo el secreto de la felicidad individual, sino que, como no podía ser de otro modo, ese misterio confirma todo lo que la fe y la razón nos enseñan sobre la criatura humana: que ha sido creada libre y social al mismo tiempo y por lo tanto, no hay remedio, ni espiritual ni material, que beneficie verdaderamente al hombre singular que no tenga un alcance y una misión para toda la sociedad humana.

Así pues, como no hay verdadera esperanza para cada uno de los hombres fuera de las entrañas misericordiosas de Nuestro Señor Jesucristo, así tampoco hay esperanza ninguna para las sociedades que como tales no se someten y confían a los cuidados del Sagrado Corazón de Jesús.

Por lo cual, plugo al Cielo revelar progresivamente a su pueblo la necesidad de que las sociedades, las familias y los individuos se consagrasen al Sacratísimo Corazón del Salvador, primero para dar la gloria debida al Nombre de Dios y, además, como remedio indispensable para el bien de las almas y para el bien común temporal de los pueblos.

Durante la Edad Media, esta devoción se consolidó, y escogidas almas fueron providenciales para este desarrollo, tales como Santa Gertrudis, Santa Matilde o la Beata Ángela de Foliño. En el siglo XVII, Dios quiso dar un particular impulso a esta verdad salutífera con los mensajes a Santa Margarita María de Alacoque. En el siglo siguiente, el mismo Jesucristo manifestó a Bernardo Hoyos S.I.: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes».

La omnisciencia de la Santísima Trinidad conocía los derroteros de enfriamiento de la fe que esperaban a los reinos cristianos y, con providencia infinita, dispuso ofrecernos anticipadamente el remedio para los males que nos aguardaban.

El 16 de enero de 1875, Su Santidad Pío IX pidió a los gobernantes que se consagrase el universo cristiano al Sagrado Corazón de Jesús. En plena guerra, el Rey y el pueblo carlista cumplieron fielmente con los deseos del Romano Pontífice en varios lugares de España y, con particular solemnidad y con presencia del Rey Don Carlos VII, en Orduña.

Más adelante, su hermano, el Rey Don Alfonso Carlos, que incluso se había anticipado en 1873, cuando era aún Infante, en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, a hacer la consagración del Ejército de Cataluña y Aragón, en su Declaración de 3 de junio de 1932 dijo: «Yo, en mi firme voluntad, en este día en que la Iglesia celebra la fiesta del Deífico Corazón, prometo solemnemente que, si la Divina Providencia dispone que sea yo llamado a regir los destinos de España, será entronizado el Sagrado Corazón de Jesús en el escudo nacional, siendo colocado sobre las flores de lis de la Casa de Anjou y entre los cuarteles de Castilla y León, bajo la Corona Real».

Finalmente, el Rey Don Javier, en 1966 renovó en el Cerro de los Ángeles la Consagración de España al Sagrado Corazón, ante el nuevo monumento levantado tras la Cruzada de Liberación.

Cuarenta y cuatro años después de que el Rey Don Carlos VII ya hubiera consagrado oficialmente los reinos de las Españas al Sagrado Corazón, en 1919, el entonces ocupante material del trono, Alfonso, llamado XIII, realizó un acto de consagración de España al Sagrado Corazón ante el monumento erigido al efecto en el Cerro de los Ángeles. Precisamente en conmemoración de este acto la diócesis de Getafe ha convocado una «renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús» para el domingo 21 de junio. Ante lo cual, esta Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se ve en la obligación de realizar algunas puntualizaciones:

1) No puede dudarse la conveniencia y aun la obligatoriedad de aprovechar el remedio celeste de la consagración de los individuos, de las familias y de las sociedades al Sacratísimo Corazón de Jesús;

2) En tal sentido, la Comunión Tradicionalista no puede sino compartir y aplaudir la piadosa intención del acto convocado para el próximo 21 de junio en el Cerro de los Ángeles;

3) Eso no obstante, conviene recordar que si se quería conmemorar y renovar la Consagración de España al Sagrado Corazón, no ha sido feliz la fecha escogida como referencia.

4) El acto de 30 de mayo de 1919, en el que el entonces Jefe del Estado, Alfonso, leyó una solemne declaración a los pies de la imagen del Sagrado Corazón, fue un acto cuanto menos equívoco. Mientras el régimen político por él encabezado, en su política interior y exterior, se desentendía de los derechos exclusivos de Nuestro Señor Jesucristo en el orden político, dicho Jefe del Estado se aprestaba a realizar un gravísimo acto delante de Dios que le exigía conformar sus acciones a sus palabras. Sin embargo, si la consagración se hizo, la política de Alfonso no varió, sirviendo —forzoso aunque doloroso es decirlo— ese acto de consagración como cebo con el que engañar a muchos católicos incautos.

5) Por todo lo cual, no se puede dudar que aquel acto de 1919, en cuanto a la intención de la mayoría, fue un verdadero acto de religión, pero en su naturaleza objetiva fue un grave sarcasmo. Como el mismo Redentor nos enseñó, es posible mostrar piedad con los labios y traicionar real y objetivamente la voluntad de Dios (cfr. Mt. 7, 21).

6) Por último, la Comunión Tradicionalista reitera su unión con todos los católicos españoles que desean que España vuelva a ser consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, para mayor gloria de Él y salud nuestra. Por esa misma razón nos preocupa que un acto tan necesario se vea desvirtuado. Recordamos que la consagración de España es un acto plenamente político, aun cuando su finalidad sea el cumplimiento de un deber social de religión. Además, su efecto secundario, el bien común temporal, es de naturaleza también netamente política. Por todo ello, toda la buena voluntad de los obispos y particulares que se encuentren en el Cerro de los Ángeles el día 21 no puede subsanar el defecto de la ausencia de un gobernante político capaz de realizar esa ofrenda. Ni todos los obispos juntos, ni mucho menos un pequeño grupo de ellos están capacitados para consagrar España a Dios, tarea que sólo pertenece a quien con un mínimo de legitimidad ostente el gobierno de la patria. Finalmente, la referencia doctrinal, que en todo caso no debiera ser sino a la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo, parece ausente mientras se desenvuelve —a juzgar por las convocatorias y declaraciones hasta ahora hechas públicas— en los parámetros, cuanto menos equívocos, de la laicidad, aunque venga apodada de positiva, que remiten paradójicamente al liberalismo, precisamente la contrafigura de lo que representa la espiritualidad del Sagrado Corazón.

En virtud de todas las consideraciones precedentes, la Comunión Tradicionalista declara que se adhiere a la intención y a las aspiraciones de los convocantes de poner nuestra patria en el refugio del Sagrado Corazón, pero advierte de la imposibilidad de que ese acto tenga la virtualidad propia de una consagración, menos aún a la vista de algunas de las claves doctrinales que se vislumbran, y por lo tanto pide a sus miembros que se consagren personal y familiarmente al Sagrado Corazón, pero que no participen físicamente en el acto del 21 de junio para evitar una confusión más que probable. De igual modo recuerda a todos los que considerándose carlistas se han apresurado a adherirse incondicionalmente a la mencionada convocatoria, que los puntos doctrinales aquí referidos son ineludibles y no deben comprometerse.

Quiera Dios bendecir nuestros esfuerzos en aras a la restauración de un poder político legítimo en las Españas, paso previo necesario para renovar esa tan necesaria consagración. A todos los españoles, pues, que ven el remedio para los males de la patria exclusivamente en el dulce Corazón de Jesús, les intimamos a compartir nuestro empeño y a luchar por la instauración de un orden social cristiano.

Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

Madrid, 19 de junio de 2009. Festividad del Sagrado Corazón de Jesús.



http://www.carlismo.es


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LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA Y EL GENERAL YAGÜE


Imagen: Yagüe en Toledo

(Procedente de: http://www.flickr.com/photos/65595512@N00/2642217072)

Por supuesto que la corporación municipal de San Leonardo de Yague es la legitima representación del pueblo, conseguida por elecciones limpias y democráticas, pero este hecho no les da patente de corso para hacerlo lo que les convenga y alardear que lo que se aprueban en los plenos es articulo de fe, un concepto totalitario y por eso afirmo que en Democracia hay grandes dictadores y en Régimen totalitarios hay grandes demócratas.
María Eugenia Yagüe Martínez del Campo

Presidenta de la Fundación Yagüe e hija del General

Diario de Soria, 2-junio-2009. Artículo completo en: http://www.historiaenlibertad.es

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¿REINADO SOCIAL O SANO LAICISMO?



Hablando de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús dijo el papa Pío XI que es «la suma de toda religión y con ella la norma de vida más perfecta, la que mejor conduce a las almas a conocer íntimamente [a Cristo] e impulsa los corazones a amarle más vehementemente y a imitarle con más exactitud» (Miserentissimus Redemptor). Por eso la devoción al Sagrado Corazón como símbolo del amor misericordioso de Jesucristo se ha extendido en la Iglesia.
Hacia el siglo XIII, San Buenaventura y algunas almas santas empiezan a dar culto al Sagrado Corazón. Algo más tarde el propio Jesús toma la iniciativa apareciéndose a Santa Margarita María de Alacoque, religiosa visitandina francesa, y confirmando mediante revelaciones y promesas el culto a su Corazón. Ya en nuestra tierra, muchas fueron las apariciones, visiones y confidencias de Cristo al jesuita Bernardo Hoyos en la iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús en Valladolid, hoy Santuario Nacional de la Gran Promesa. El 14 de mayo de 1733, fiesta de la Ascensión, escribe el padre Hoyos:
«Después de comulgar tuve la misma visión referida del Corazón, aunque con la
circunstancia de verlo rodeado con la corona de espinas y con una cruz en la
extremidad de arriba, ni más ni menos que le pinta el P. Gallifet. Diome a
entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí sólo,
sino para que por mí las gustasen otros. Y pidiendo esta fiesta en especialidad
para España, en que ni aún memoria parece que hay de ella, me dijo Jesús:
“Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes”».
Después de celebrar él mismo la primera fiesta en honor del Sagrado Corazón, comenzó a difundir la imagen, algunas preces, la comunión de los primeros viernes y, en junio de 1735, tuvo lugar la primera novena y fiesta pública en la capilla contigua al actual Santuario. Buena prueba de la eficacia del apostolado de estos años es la rapidez con que el culto al Sagrado Corazón se difundió por todas partes por obra del mismo Bernardo Hoyos y de otros jesuitas como los padres Cardaveraz, Loyola y Calatayud.
Superadas numerosas dificultades, de nuevo se intensificó este culto a comienzos del siglo XX. Frente al laicismo sectario de entonces, surgió la costumbre de hacer pública profesión de esta devoción con placas visibles en la puerta del hogar, procesiones y actos masivos, las colgaduras con la imagen y los famosos Detentes. Una modalidad nueva, en forma de entronización, aparece entre nosotros en los años difíciles de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Su apóstol, peruano de sangre española, el padre Mateo Crawley SSCC, encontró las mejores disposiciones y auxiliares para su grandioso designio. Parece increíble la tarea desarrollada y los frutos conseguidos en aquellos años hasta culminar en el acto de 1919 en el Cerro de los Ángeles.
En dicho lugar, centro geográfico de la Península Ibérica, junto a un Monasterio de Madres Carmelitas que había de ser lámpara permanente de oración por España, se elevó un monumento al Sagrado Corazón cargado de simbolismo, ante el cual el Rey Alfonso XIII realizaba la consagración de nuestra Patria el 30 de mayo de 1919. Aquel acto solemne en el que participaron los reyes, el gobierno entero, las jerarquías de la Iglesia y una inmensa multitud.
Era la culminación de un secular deseo de los católicos de que España fuese toda de Jesucristo y para siempre y, de hecho, siguieron una multitud de consagraciones de familias, pueblos y ciudades ante estatuas del Corazón de Jesús erigidas en colinas, torres y pedestales. En los años siguientes se elevaron numerosos monumentos por toda la geografía española. Todos ellos nos recuerdan elocuentemente que la devoción al Corazón de Jesús no es simplemente una más entre otras, sino un sistema acabadísimo de vida espiritual cuya base es la Consagración verdadera; una consagración que no se reduce al simple recitado de una fórmula sino que es la entera donación que demanda Jesucristo de sus más fieles amigos. Según las expresiones de Santa Margarita, San Claudio de la Colombière o el padre Hoyos, la Consagración puede reducirse a un pacto: Yo cuidaré de ti y de tus cosas -dice Jesús al alma consagrada- cuida tú de Mí y de las mías.
Y esto no sólo tiene aplicación a los individuos sino también a las comunidades. «Yo por ellos me consagro a mí mismo, para que ellos sean consagrados en la verdad» dice Jesús la noche de la Última Cena. Cristo se consagra a sí mismo y esta consagración tiene efecto sobre los suyos, sobre aquellos que aceptan su persona y su doctrina. Algo semejante ocurre cuando alguien constituido en autoridad se consagra con los suyos y si, por ejemplo, el Papa León XIII consagraba el mundo al Sagrado Corazón, su intención era que con él, todos se consagraran y al mismo tiempo su acto era una invitación y un estímulo a que cada uno renovase esa consagración radical que es el Bautismo.
Así también cuando el rey Alfonso XIII consagró la nación española al corazón de Jesucristo, cumplió con el deber de un cristiano que aceptaba públicamente el amor que Dios le ofrecía, que respondía generosamente a él y que, al mismo tiempo se sentía unido a millones de españoles que expresaban su misma respuesta al amor de Dios manifestado en el corazón de Cristo con la esperanza de que todos siguiesen la verdad del Evangelio y de la fe cristiana.
En circunstancias bien distintas, cuando la apostasía comienza a filtrarse de forma cada vez menos sutil, nos corresponde a nosotros renovar aquella consagración en los términos y el espíritu con los que fue pronunciada en 1919 y que eran expresión de la doctrina del Reinado Social de Jesucristo. Estimulados por este recuerdo, por el ejemplo de nuestros antepasados, podemos consagrarnos de verdad al Corazón de Jesús para que así todos alcancen lo que proclaman en su plegaria (Adveniat regnum tuum! ¡Venga a nosotros tu reino!) porque lo hacen fiados en la promesa que un día se escuchó en un humilde claustro de Castilla: «Reinaré en España y con más veneración que en otras muchas partes».
*
Ofrecemos a continuación la fórmula que será utilizada en la ceremonia de renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús, el día 21 de junio de 2009, en el Cerro de los Ángeles:
Hijo eterno de Dios y Redentor del mundo, Jesús bueno, tú que al hacerte hombre
te has unido en cierto modo a todo hombre y nos has amado con tu corazón
humano, míranos postrados ante tu altar; tuyos somos y tuyos queremos ser y,
para vivir más estrechamente unidos a ti, todos y cada uno nos consagramos
hoy a tu Sagrado Corazón.
De tu corazón traspasado brota el Amor de Dios, hecho allí visible
para nosotros y revelado para suscitar nuestro amor. Ante la generación del
nuevo milenio, tan esperanzada y tan temerosa al mismo tiempo, la Iglesia da
testimonio de la misericordia encarnada de Dios dirigiéndose a tu Corazón.
Muchos, por desgracia, nunca te han conocido; muchos, despreciando tus
mandamientos te han abandonado. Jesús misericordioso, compadécete de todos y
atráelos a tu Corazón.
Señor, sé rey no sólo de los hijos fieles, que jamás se han alejado de ti, sino
también de los hijos pródigos que te han dejado; haz
que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de
miseria. Sé rey de aquéllos que, por seducción del error o por espíritu de
discordia, viven separados de ti: devuélvelos al puerto de la verdad y a la
unidad de la fe, para que pronto se forme un solo rebaño de un solo pastor.
Concede, Señor libertad a tu Iglesia; otorga a todos pueblos y, en
particular, a España la paz y la justicia; que del uno al extremo de la tierra
no resuene sino esta voz; bendito sea el Corazón divino, causa de nuestra
salvación; a él la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén

Este fue el texto leído por Alfonso XIII (30-mayo-1919)

Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del Mundo, Rey
de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus
predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para
Ti se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas
las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a
través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y
constante en el amor a la Religión y en su adhesión a la Monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos
la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que
Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas,
redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por
vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad
conceder participación de Vuestro Poder a los Príncipes de la tierra y que de
Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento
estriba el imperio del orden y de la paz.
Vos sois el camino seguro que
conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los
entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y
de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad
de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el
alma.
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y
de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en
la inteligencia de los sabios, en las aulas de la Ciencia y de las Letras, y en
nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado
misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha
desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que
nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los
obreros, a los proletarios todos para que en la pacifica armonía de todas las
clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, mas
llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de
la Patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas
sean siempre salvaguardia de la Nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a
todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos mismos santos amores de la
Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como
premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de
Vuestro Corazón Adorable. Así sea.
http://www.templotibidabo.org/documentos/Cerro.htm
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MEMORÁNDUM SOBRE EL CASO DE RECIFE









por Mons Michel Schooyans

1) El 4 de marzo de 2009, una niña de 9 años fue abortada en Recife. Ella fue violada por su padrastro y esperaba mellizos. Ni la madre ni los dos niños estaban en peligro de muerte. Don Cardoso, Arzobispo de Recife, había hecho todo lo que podía para impedir el doble aborto. En vano. Mal informado, el Arzobispo Rino Fisichella (RF) reprocha a su colega de Recife de haberle faltado compasión y de haber excomulgado a los autores del doble aborto. Su artículo, publicado en el Osservatore Romano del 15 de marzo, continúa a alimentar una polémica de una extrema gravedad.

2) El argumento central de RF es que el doble aborto estaba justificado por la compasión para con la niña, y por compasión para con los médicos que ejercieron su libertad de elección. RF no recomienda la compasión para con los mellizos abortados. Constatemos simplemente que RF admite aquí el aborto directo.

3) Don Cardoso fue sostenido por el Cardenal Re, por la CNBB, por los obispos y por numerosos laicos provida. Él fue, por otro lado, copiosamente linchado por los medios, por las Catholics for Choice e incluso por el Presidente Lula.

4) Dos preguntas restan sin respuesta. ¿El texto de RF fue sometido previamente a la SCDF? RF mismo afirma que « l’articulo è stato scritto su richiesta ». ¿Por pedido de quién ? Algunos insinúan que sería por pedido de la Secretaría de Estado. Es la cuestión crucial.

5) El artículo de RF aporta objetivamente una temible caución a todos los que, en América latina (Brasil, Santo Domingo, etc.) y en otras partes, hacen campaña con vistas a legalizar el aborto, con el apoyo del Presidente Obama, de la Unión Europea, de la IPPF y de otras ONG.

6) Frances Kissling, presidenta de honor de las Catholics for Choice, comprendió perfectamente lo que está en juego en este caso. A ella le encanta ver que un funcionario del Vaticano, de alto rango, se aleje de la posición de la Iglesia según la cual el aborto directo es siempre gravemente contrario a la ley moral.

7) Lo que está en peligro, es la fidelidad a la moral natural y a la moral cristiana sobre el respeto de la vida. La moral expuesta en el artículo de RF es una moral de la situación. Según él, los principios morales deben ser tomados en consideración con tal que sea respetada la libertad de elección frente a las situaciones concretas. Estamos en pleno relativismo.

8) Frente a las turbulencias provocadas por el artículo del Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, parece que, hay solamente una única solución verdadera: una declaración fuerte del Santo Padre. Si el Papa no dice nada, la duda persistirá y habrá una repetición de lo que pasa hasta el día de hoy con Humanae vitae (1968).



Louvain-la-Neuve, mayo de 2009.

michel.schooyans@uclouvain.be



NOTA IMPORTANTE:

Olinda/Madrid, 16 junio 2009. En relación con los rumores que han circulado en los últimos días, se ha hecho pública la siguiente nota de la Secretaría del Arzobispado de Olinda y Recife: "Informamos que el Arzobispo de Olinda y Recife ya declaró, varias veces, que no tiene intención de presentar recurso canónico contra S.E. Mons. Fisichella. Don José Cardoso sólo desea y espera que el periódico L'Osservatore Romano publique su respuesta al artículo firmado por Mons. Fisichella, a fin de que todos los lectores de dicho periódico conozcan la verdad".



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EN LA FIESTA DEL CORPUS







1. Institución de esta Fiesta

La fiesta propia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía es el Jueves Santo, o día de su institución por Cristo. Aquella noche: Habiendo amado Jesús a los suyos que estaban en el mundo, al fin les amó extremadamente (Jn 13,1). Y para dejarles una prenda de este su admirable amor, viendo que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre (Jn 13,1) y queriendo permanecer con ellos siempre hasta la consumación del mundo (Mt 28,20), realizó con inefable sabiduría un misterio que trasciende toda humana posibilidad y comprensión. Celebrada con sus discípulos la cena del cordero pascual, Jesús tomo el pan y después de dar gracias, lo bendijo, lo partió y dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros... Asimismo después de cenar tomó el cáliz, diciendo: Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre, cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía.

Pero a aquel Jueves de Gloria sigue el Viernes de la Pasión y de la Muerte de Cristo. Por eso la Iglesia traslada la solemnidad de dicha fiesta al día de hoy. Su origen se remonta al s.XIII y el Papa Urbano IV la extendió a la Iglesia universal. A causa de su procesión del Santísimo Sacramento, muy pronto se convirtió la fiesta del Corpus en una de las más gratas al pueblo cristiano. Durante siglos se celebró el Jueves después del domingo de la Santísima Trinidad hasta que en nuestros días, como una manifestación más de la pública apostasía de las naciones y de la tibieza de los católicos ha sido trasladada -esperemos que por poco tiempo- a este domingo, gesto que le ha hecho perder no poco de su carácter y que desdibujado en la piedad cristiana la fuerte identidad de este día.

2. Decadencia del Culto eucarístico en nuestros días

Desde los primeros tiempos, la Eucaristía no ha sido una posesión pacífica para la Iglesia; también aquí se ha cumplido la profecía de Simeón: Puesto está... para blanco de contradicción y las propias palabras de Cristo: no he venido a traer paz, sino guerra («Duras son estas palabras ¿quién puede oírlas?», Jn 6,60ss). Pero quizás nunca como en nuestros días se puede hablar de una auténtica crisis en la vida eucarística de la Iglesia, de la que encontramos numerosos indicios:

— Un debilitamiento de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía que ha llevado a descuidar la práctica de las normas acerca de las condiciones en que se ha de recibir la Comunión: «cada vez son más numeroso los fieles que no tienen inconveniente en comulgar con relativa frecuencia y, sin embargo, no suelen acercarse al Sacramento de la Penitencia» (CEpEs, 4-marzo-1999).

— Una gravísima disminución y en ocasiones la total desaparición de la adoración al Santísimo y de las formas de culto eucarístico fuera de la celebración de la Santa Misa; el olvido del silencio y la veneración ante su augusta presencia.

— La degradación de lo sagrado que reduce la celebración de la Santa Misa a una conmemoración de la Cena del Señor, con un silenciamiento de su naturaleza esencialmente sacrificial y con la acentuación unilateral de una celebración de amistad y alegría. Esas Misas tan bonitas que veis en la televisión o en otras parroquias y en las que se pisotea el sentido de lo sagrado y se vulnera el deseo expreso de la Iglesia: «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia» (SC 22).

3. Único remedio: la fe de la Iglesia en la Eucaristía

La Eucaristía está íntimamente ligada a la vida de la Iglesia: En la Santa Misa hace presente la Iglesia sobre sus altares el sacrificio de Cristo, fuente de nuestra redención y por la santa comunión se unen los fieles a Cristo y transforman su vida en la de Él; nacidos a la vida de la gracia en las aguas del bautismo, se alimentan de la Eucaristía con un pan celestial, un alimento espiritual.

Por eso cualquier detrimento en la vida eucarística de la Iglesia se traduce automáticamente en una crisis en todos los aspectos de su vida. Cuantas veces lamentamos ver a nuestras familias sin hijos, a nuestros seminarios y casas religiosas sin vocaciones y a nuestras iglesias sin conversiones... Pero no se puede uno extrañar de los efectos y seguir sin poner remedio ante las causas. Y seguramente, no es de las menos importantes esta pérdida de la fe en el misterio de la Eucaristía tal y como la ha confesado la Iglesia en su tradición secular y la ha expresado en su liturgia tradicional.

Por el contrario, pidamos hoy para siempre la gracia de una fe eficaz en el misterio de la Santísima Eucaristía que nos lleve a reconocer a Jesucristo oculto bajo las apariencias de pan y vino, a descubrirle presente en el Santísimo Sacramento del Altar; a confesar que en la Sagrada Hostia está el mismo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, con su Cuerpo, sangre, alma y Divinidad... Y que esta fe oriente de tal manera nuestra vida que, al morir, podamos contemplarle eternamente en la gloria.



Publicado en:

http://www.diarioya.es/content/en-la-fiesta-del-corpus

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LOS MÁRTIRES DEL CERRO DE LOS ÁNGELES




El sábado 18 de julio, por la tarde, se habían dirigido al Cerro de los Ánge­les, para hacer su acostumbrada vigilia de adoración nocturna el Santísimo Sacramento, unos treinta congregantes de las Compañías de Obreros de San José y del Sagrado Corazón de Jesús. A1 acabar la santa misa, ya en la madrugada del domingo 19, Fidel de Pablo García, vocal de piedad y de aspirantes de la Ac­ción Católica de la parroquia del Espíritu Santo, de 29 años de edad, se volvió a Madrid, acompañando al sacerdote que la había celebrado, don José María Vegas Pérez, capellán del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, como tam­bién lo hizo la mayoría de los congregantes que habían participado en aquella última vela. Pero cinco de ellos se quedaron ante el monumento, confiando en que la llegada de las tropas iba a ser inminente, y así no se interrumpía una «guardia de honor» al Sagrado Corazón de Jesús. Se trataba de Pedro-Justo Dorado Dellmans, de 31 años; Fidel Barrios Muñoz, de 21 años; Elías Requejo Sorondo, ebanista, de 19 años, de la Juventud Católica de la parroquia del Espíritu Santo; Blas Ciarreta Ibarrondo, de 40 años, casado con Ángela Pardo, con la que se había desplazado a Madrid, procedente de Santurce (Vizcaya), de cuya Guardia Municipal había sido jefe; Vicente de Pablo García, carpintero, de 19 años de edad, de la juventud de Acción Católica de la misma parroquia del Espíritu Santo, de Ventas, hermano del que había acompañado a Madrid al sacerdote.

Ellos se quedaron allí, solos, y, tras una inspección de los milicianos en el
Cerro, tras el desalojo del monasterio de las Carmelitas Descalzas, se quedaron
en las cercanías, acercándose para comer a Las Zorreras, una finca cercana, ya
perteneciente al pueblo de Perales del Río.

Dieron dinero a los criados [de
la finca] para que les dieran de comer y ofreciéronles abo­nar cuanto
gastaran en su sustento en los días que tuvieran que estar allí escondidos en
es­pera de la próxima llegada de las tropas liberadoras (...) alguno de
ellos, o todos, fueron de mañana [el 23 de julio] al vecino pueblo de Perales
del Río, en cuya taberna desayunaron, haciendo antes sobre los manjares la señal
de la cruz, y que, no pasando desapercibida a gen­tes extrañas esta clara
muestra de su catolicidad, puede muy bien decirse que rubricaron con ella la
sentencia de su muerte. (Cfr. Fuente E., Paúles e Hijas de la Caridad Mártires,
1936, Madrid, 1942, pp. 19, 21, 23)

Según informes, por haberles visto rezar
el Rosario y bendecir la mesa al comer los de­nunciaron los que habitaban la
finca de las Zorreras (...) y ésa fue la causa de haber acudi­do allí los
milicianos a asesinarlos. (Cfr. Arzobispado de Madrid, Vicaría de
Reorganización, Informe de la parroquia de Perales del Río)

Se cree que
fueron denunciados por el encargado de la finca, llamado Honorato Pérez, pues el
día 23 por la mañana, al presentarse unos milicianos de la Marañosa para detener
a los «frailes disfrazados» según decían ellos, la mujer y los hijos de Honorato
abrazaron con gran entusiasmo a los milicianos. Se les hizo una ridícula parodia
de juicio sumarísimo en el que les hicieron sufrir toda clase de vejaciones, y
por último, mirando al Monumento del Cerro de los Ángeles que aún estaba en
pie,` con el Sagrado Corazón de Jesús que parecía darles su bendición, cayeron
bajo el plomo de sus verdugos, y allí quedaron sus cuerpos du­rante
veinticuatro horas. Se ha afirmado que los cinco obreros, Vicente con ellos,
murieron gritando: «¡Viva Cristo Rey! »

Según informes, murieron dando vivas
a Cristo Rey a la vez que arrojaban sangre por la boca, lo que contribuyó a
incitar más a los verdugos, que fueron al pueblo como energú­menos, y
entonces sacaron del templo todas las imágenes, ornamentos, etc. y lo quemaron
una hora después, o sea, a las 10 de la mañana del 23 de julio de 1936 (...)
Según informes, uno de ellos quedó muerto en cruz, y en manera alguna pudieron
ponerle bien los brazos para meterle en la caja y se dice que tuvieron que
romperle los brazos. (Cfr. Arzobispado de Madrid..., Informe de la parroquia de
Perales del Río)

Tanto el sacerdote que había celebrado la misa en aquella última vigilia noc­turna de oración, como el congregante que le acompañó a Madrid, fueron posteriormente asesinados: el primero fue sacado de la cárcel de San Antón, en la que se había refugiado, creyéndose más seguro que en libertad, con destino a Paracuellos de Jarama el 27 de noviembre de 1936, y Fidel de Pablo
el día 26 de Agosto de 1936 fue detenido por los milicianos del partido
comunista, llevándole a la «checa» que había instalada en la calle de O'Donnell
núm. 22, acusándole de sus ideales católicos y de ser un destacado Requeté.
Desde esa «Checa» fue trasladado a la de la calle San Bernardo, donde permaneció
hasta el día 8 de Septiembre, fecha en que fue sacado y fusilado en el kilómetro
7 de la Carretera de Valencia, término municipal de Vallecas. No se han podido
recoger más detalles de su martirio.
Uno de los casos en que con mayor claridad se ve el carácter específicamente antirreligioso de la persecución que tuvo lugar simultáneamente con la repre­sión política de la guerra y de la violencia revolucionaria es la jornada del 4 de octubre de 1936 en Getafe, con la detención por parte del Comité Revolucionario, y el consiguiente asesinato inmediato, de diez jóvenes del Centro de Acción Católica de la parroquia de Santa María Magdalena. El presidente, Juan Benavente Butragueño, de 24 años de edad, había sido asesinado a tiros en las afueras de Getafe el 23 de agosto al sacarlo de la cárcel de Getafe, en la que estaba detenido desde el día 1 de agosto. Y aunque los milicianos ya habían causado numerosas víctimas revolucionarias entre los mismos familiares, incluso padres y hermanos, de los jóvenes de Acción Católica, por motivo de su situación económica o social en Getafe, o por su significación política de derechas, en la noche del 4 al 5 de octubre se tramó una redada de todos los que tenían una significación pronunciada en el centro parroquial, que fueron trasladados al Comité, de donde les sacaron en dirección a la carretera de Madrid, fusilándoles a la salida del pueblo, ya en el término de Madrid, dejando abandonados los cadáveres, que fueron recogidos y trasladados al depósito de cadáveres de la calle Santa Isabel, identificados y posteriormente trasladados de nuevo a Getafe para ser sepultados.”
Tomado del libro de José Francisco Guijarro, Persecución religiosa y guerra civil, La Iglesia en Madrid, Madrid, 2006, pp. 412-415

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