HALLADOS RESTOS HUMANOS EN UNA DE LAS MÁS GRANDES FOSAS DE 1936

Aquéllas no eran las víctimas de una Guerra. Fueron inmoladas en una de las más sangrientas persecuciones religiosas que recuerda la historia, persecución que se sitúa en el contexto de un proceso revolucionario iniciado años atrás y del que se había conocido un ensayo en la Revolución de Octubre de 1934 en la que no faltaron escenas similares a las que se repitieron a escala general entre 1936 y 1939.
La ocupación del poder por el Frente Popular a partir de febrero de 1936 (con la manipulación del resultado electoral para asegurarse la mayoría del Parlamento y la destitución del Presidente de la República Alcalá Zamora) hacía evidente que el proceso revolucionario llevaba camino de culminarse con éxito. Cuando el 17 de julio se inicia un Movimiento cívico-militar para poner fin a esta situación, el Gobierno responde una vez más vulnerando la legalidad y entregando armas a las milicias de los partidos y organizaciones sindicales socialistas, anarquistas y comunistas. En los lugares donde no lograron imponerse los sublevados, la revolución iba a triunfar con todas sus consecuencias programadas de antemano, entre ellas, la eliminación de las personas consideradas hostiles. Un diputado comunista lo había anunciado con toda claridad en Badajoz el 18 de mayo después de que desfilaran por la calle de la ciudad miles de milicianos:
«Yo supongo que el corazón de la burguesía de Badajoz no palpitará normalmente desde esta mañana al ver cómo desfilan por las calles con el puño en alto las milicias uniformadas; al ver cómo desfilaban esta mañana millares y millares de jóvenes obreros y campesinos, que son los hombres del futuro Ejército Rojo [...]. Este acto es una demostración de fuerza, es una demostración de energía, es una demostración de disciplina de las masas obreras y campesinas encuadradas en los partidos marxistas, que se preparan para muy pronto terminar con esa gente que todavía sigue en España dominando de forma cruel y explotadora» [Claridad, Madrid, 19-mayo-1936].
Había que “acabar con esa gente”. Y lo ocurrido en la mina de las Cabezuelas no es sino un caso entre muchos. La falta de medios técnicos había impedido recuperar los restos aunque se hicieron tanteos al terminar la guerra y en 1962. Quienes han protagonizado la tarea pueden dar fe de lo dificultoso de la operación: separaban los restos humanos de la boca de la mina 25 toneladas de tierra, de cal, de escombros que han tardado cuatro días en sacarse y que habían sido acumulados por los responsables para borrar las huellas de los crímenes cometidos.
Evidencias documentales
Aunque poco antes de terminar la Guerra se hicieron desaparecer también todas las evidencias documentales que podían arrojar luz sobre lo ocurrido, en 1940 se comenzó la instrucción de la denominada Causa General que tenía por objeto fijar, mediante un proceso informativo encomendado al Ministerio Fiscal, el sentido, alcance y manifestaciones más expresivas de las actividades protagonizadas por los revolucionarios durante la contienda civil. En este fondo documental encontramos datos para reconstruir la tragedia. En su informe, la Alcaldía de Camuñas daba cuenta de la existencia de esta enorme fosa común:
«En este término municipal existe una mina abandonada y a la misma han sido arrojados bastantes cadáveres no sólo de los pueblos colindantes sino -según rumor público- hasta de Madrid. Dicha mina está situada a un kilómetro de la margen derecha de la carretera de Madrid a Cádiz» [Archivo Histórico Nacional, Causa General, Leg.1048(1)].
El Alcalde de Herencia precisaba:
Geografía martirial
Suponemos que la investigación que ahora se está realizando ayudará a fijar el número de víctimas que fueron arrojados a la mina pues los testimonios de que disponemos son bastante imprecisos. Se tiene constancia de que allí fueron a parar muchos de los asesinados en los pueblos del entorno tanto de Ciudad Real (Alcázar de San Juan, Herencia, Las Labores, Manzanares…) como de Toledo (Camuñas, Consuegra, Madridejos, Turleque, Villafranca de los Caballeros…) pero los testimonios recogidos coinciden en que también llegaron camiones con cadáveres procedentes de las checas de Madrid. Como dato puede servir el siguiente: de los sesenta y ocho asesinados vecinos de la localidad de Herencia se estima que unos cuarenta fueron arrojados a la Mina. Estamos hablando de decenas de casos identificados, hombres y mujeres con nombres y apellidos, entre ellos varios sacerdotes.
Algunos de los sucesos más dramáticos pudieron recogerse de boca de los familiares y supervivientes:
No es la única
Desgraciadamente, la mina de Puerto Lápice no es la única de las fosas que la revolución dejó a su paso y que siguen intactas: por no hablar de las de Paracuellos del Jarama (Madrid) o de las de centenares de asesinados cuyos restos nunca pudieron ser identificados como ocurrió en las inmediaciones de Quinto, Codo y Belchite (Zaragoza) al ser ocupadas estas localidades por el Ejército Popular, sin salir de la provincia de Ciudad Real otro de los principales lugares de ejecución fue un pozo ubicado en el cementerio de Carrión de Calatrava. Según testimonios obrantes en la Causa General: «En esta población no se pudieron averiguar si se recogió algún cadáver por el motivo de no intervenir juzgado ni persona alguna únicamente se sabe que de noche traían a personas procedentes de la cárcel de Ciudad Real asesinándolos dentro del Cementerio de esta población y echándolos en una noria que existe dentro del cementerio calculándose que habrá en dicha noria más dos zanjas unos seiscientos cadáveres» y en 1943 el Alcalde informaba que no se habían podido llevar a cabo exhumaciones «dado su mal estado y su profundidad» [Archivo Histórico Nacional, Causa General, Leg.1027(2)]. Otro escenario trágico fue la mina Jarosa, en término municipal de Alhambra.
Historia frente a memoria
La aparición de los restos humanos en la mina de las Cabezuelas (auténticas reliquias martiriales) marcará un hito histórico en la resistencia contra el proceso de manipulación de la historia reciente de España a que estamos siendo sometidos en virtud de la ideología de la llamada recuperación de la memoria histórica ratificada ahora con todo el aparato jurídico y con todo tipo de iniciativas pintorescas.
OBISPO ÁLVAREZ DE CASTRO, MÁRTIR DE LA INDEPENDENCIA
«Cuando no se puede gobernar desde el Estado, con el deber, se gobierna desde
fuera, desde la sociedad, con el derecho ¿Y cuando no se puede, porque el poder
no lo reconoce? Se apela a la fuerza de mantener el derecho y para imponerlo. ¿Y
cuando no existe la fuerza? ¿Transigir y ceder? No, no, entonces se va a las
catacumbas y al circo, pero no se cae de rodillas, porqué estén los ídolos en el
capitolio».
Eso hizo el Obispo Álvarez de Castro: sellar con su sangre la fidelidad a su fe; y por eso, dos siglos después de su muerte le podemos seguir considerando un testigo para unos tiempos como los nuestros: STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS - El mundo no deja de girar pero la Cruz permanece.
Publicado en:http://www.diarioya.es/content/obispo-álvarez-de-castro-mártir-de-la-independencia
LA IGLESIA EXTREMEÑA EN LA ÉPOCA DEL OBISPO ÁLVAREZ DE CASTRO
23-marzo-2009
COMISIÓN DEL II CENTENARIO DE LA MUERTE DEL OBISPO ALVAREZ DE CASTRO - DIÓCESIS DE CORIA-CÁCERES
2.- El Trienio Liberal
3.- Las desamortizaciones.
Sin negar que en el 2 de mayo y en la guerra a que da paso existiera una causa que pudiéramos llamar de independencia nacionalista (en el sentido de afirmación propia frente al dominio extranjero), la de 1808 no fue únicamente una guerra contra el francés sino que se trata de una guerra contra la etapa imperial o bonapartista de la Revolución Francesa, al igual que la de 1793-1795 lo había sido contra la etapa jacobina de dicha Revolución.
La misma religión es la que ha armado ahora nuestro brazo para vengar los
insultos que ha sufrido del francés en nuestro suelo. Ella ha reanimado
nuestra debilidad al ver que se trataba de privarnos de sus cultos: ella nos
puso las armas en la mano, para resistir la agresión francesa, que a un
tiempo mismo atacaba el trono y destruía el altar. La religión nos condujo a
sus templos, bendijo nuestras armas, publicó solemnemente la guerra,
santificó a nuestros soldados y nos hizo jurar al pie de las santas aras, a
la presencia de Jesucristo en el Sacramento, y de su Santísima Madre en sus
iglesias, no dejar las armas de las manos hasta destruir del todo los planes
de la filosofía de la Francia y de Napoleón contra el trono de nuestros
reyes y contra la fe de nuestra religión[1]
Juramos, prometemos a ese Divino Señor Sacramentado guardar la más perfecta
unión y respeto y veneración a la Justicia, olvidar para siempre de todo corazón
los sentimientos particulares, defender nuestra Santa Religión, a nuestro amado
Soberano y Señor don Fernando VII y las propiedades, hasta derramar las últimas
gotas de nuestra sangre[4].
La repercusión de estas pastorales y circulares del Obispo en la Diócesis y fuera de ella era grande. Extremadura se levantó en armas y sus sierras se hicieron impenetrables para los ejércitos napoleónicos durante mucho tiempo. El Prelado promete, en nombre de Dios, la bienaventuranza eterna a los que mueren por la Patria; da todo cuanto tiene; sus iglesias se empobrecen; entrega las joyas que se funden y sus graneros se abren...[5]
Cuando un Ejército francés, con el Mariscal Soult al frente, se apodera de Plasencia y prolongó sus descubiertas has el Puerto de Perales, se sabía lo mucho que el Obispo había contribuido al esfuerzo de guerra. Hasta Hoyos, donde vivía retirado, se trasladó un escuadrón el 29 de agosto de 1809: sacaron de la cama al venerable prelado —que, además de su edad, se encontraba muy debilitado y en peligro de muerte— y caído en el suelo le dispararon dos tiros de fusil, no sin antes saquear la casa y causar la muerte a uno de los ancianos que se habían refugiado allí, resultando heridos uno de los familiares y otros cinco ancianos. Jiménez de Gregorio, que sigue las palabras que Larrazábal, diputado en las Cortes gaditanas por la ciudad de Guatemala, pronunció en las ya instaladas en Madrid el 21 de abril de 1814 en alabanza del prelado, nos describe el suceso: le arrebatan primero el pectoral que se pasa la soldadesca de a unos a otros haciendo escarnio de la insignia, le arrancan la ropa de cama que le cubría y arrojándolo al suelo desnudo, boca arriba, le disparan un primer balazo en los testículos y después otro en la boca[6]. Fue enterrado sin solemnidad y con apresuramiento en la Parroquia de Hoyos y no conocemos el lugar en que fueron depositados sus restos.
Saqueada la Catedral y en medio de grandes dificultades, continuó el Cabildo ayudando con fuertes cantidades a los ejércitos nacionales y el 31 de diciembre ofrece el Seminario para convertirlo en Hospital de Sangre. Al mismo tiempo tenían que sufrir los impuestos forzosos que les exigían los franceses. Entre los que más se distinguieron en la resistencia y en su apoyo al Prelado en tan difíciles circunstancias merece citarse al Tesorero de la Catedral don Mateo Fernández Jara nombrado Vocal de la Junta Suprema de Badajoz.
II. Las primeras luchas con el liberalismo y el trienio liberal (1815-1824)
A pesar de su breve episcopado, don Blas Jacobo Beltrán (1815-1821) tuvo una vida ejemplar y laboriosa, aplicada a su Ministerio y al socorro de los pobres como demuestra la reedificación con fondos por él sufragados del Hospital de San Nicolás de Bari en Coria, destruido por los franceses en la Guerra de la Independencia. Ya se había distinguido por su oposición a las ideas liberales en las Cortes Extraordinarias de las que fue diputado, ahora ―iniciado el Trienio Liberal― solicita facultades para encargarse de los regulares como exigía el Gobierno, fue procesado por juzgar delito la libertad de imprenta y la lectura de libros prohibidos y envía una carta de adhesión a Arias Teijeiro por su representación a las Cortes en defensa de los derechos de la Iglesia atropellados por la nueva situación política (11-noviembre-1820). Ya fallecido (28-abril-1821), llegó la orden de destierro.
Al quedar vacante la Diócesis, la situación se prolongó hasta 1824 ya que el Gobierno presentó al Magistral de Segovia don Santiago Sedeño Pastor —quien se había declarado partidario del régimen constitucional con ocasión de la sublevación de Riego— pero éste no recibió la aceptación por parte de Roma[7]. Por su parte, el Cabildo nombró Vicario Capitular, Sede Vacante, al ya citado don Mateo Fernández Jara, pretendiendo el Gobierno anular la elección por haber recaído en persona opuesta a las doctrinas liberales, pero el Cabildo lo mantuvo en su puesto hasta la designación del nuevo Obispo[8].
El investigador Alfonso Artero ha puesto de relieve la oposición existente en la ciudad de Cáceres a las ideas liberales[9], ya en mayo de 1814 el pueblo congregado ante el Ayuntamiento exigió a los regidores que los dos ejemplares de la Constitución que allí se guardaban se quemasen en la Plaza Mayor por mano del verdugo, como así se hizo, añadiéndose el ejemplar que se custodiaba en la Audiencia. En enero de 1821, aparecieron pasquines animando al vecindario a la rebelión, hecho que se repitió en el mes de octubre y que en diciembre obligó al despliegue de tropas. Poco a poco se hace efectiva la resistencia y en toda la región actúan partidas realistas. La capital cambiará de manos varias veces hasta que en octubre de 1823, ya en la agonía del régimen, las tropas constitucionales al mando del Empecinado se presentan a las puertas de la ciudad.
Ante tan críticas circunstancias el Ayuntamiento reunió al vecindario en asamblea popular para discutir la postura que debía adoptarse. La opinión mayoritaria fue la de resistir como fuera, pese a la escasez de medios para hacerlo: barricadas en las entradas, parapetos, enseres domésticos, carros, colchones, piedras... se instaló un hospital en la Enfermería de San Antonio y se formó en el Ayuntamiento una Junta de Seguridad permanente; se colocaron vigías en las torres de las iglesias y conventos para alertar a la población, mediante toques de campanas, de la aparición de las tropas liberales. Después de varios intentos y fracasadas negociaciones las tropas del Empecinado siguiendo las instrucciones del exgobernador de Cáceres, Landero, pusieron el pie en el interior de la ciudad y se apoderaron de ella venciendo las últimas resistencias hacia las cuatro de la tarde del 17 de octubre de 1823. Cuando al día siguiente se recogieron los cadáveres, además de los fusilados en la Plaza, se pudieron comprobar las brutalidades llevadas a cabo por los liberales:
En dos carros recogieron hasta treinta y seis cadáveres. Tres de ellos
pertenecían a defensores de la villa muertos en sus puestos de combate; el
resto a personas asesinadas en sus casas o en las calles, muchos de ellos
con auténtico sadismo. En las afueras de la calle de Moros encontraron a un
hombre abierto en canal, como un cerdo, con los órganos genitales cortados e
introducidos en la boca; en la plazuela de San Blas a otro cadáver cubierto
con paja y parcialmente quemado; en el Barrio de Luna los cadáveres de cinco
vecinos que, después de ser acuchillados por los soldados, fueron fusilados
por la espalda, y en la calle Valdés encontraron muerta a una niña de cinco
meses con el vientre atravesado de un balazo, que mató también a su madre
que la llevaba en brazos. Las calles en que fue mayor la mortandad fueron
las de Moros, Barrionuevo y la plazuela de San Blas. Los libros de difuntos
de las parroquias cacereñas que más defunciones registran en aquellas fechas
son los de Santiago, con 15 defunciones, y San Juan con 11[10].
Restituidas las autoridades realistas a los pocos días, se hicieron averiguaciones de los daños causados y los muertos que hubo. Del proceso, resultó que habían muerto 36 personas; cuatro vecinos quedaron inútiles para todo trabajo por las heridas recibidas; 35 más fueron heridos, tardando más o menos tiempo en curar; 76 edificios fueron incendiados y saqueadas unas 500 casas. Los daños ocasionados por los incendios se valoraron en 260.465 reales de vellón y el valor de los bienes robados por los asaltantes ascendió a 1.348.636. Entre los edificios dañados, el convento de San Francisco sufrió el incendio de veinticinco celdas además de los sacrilegios y otros daños en el recinto sagrado en castigo por usar el derecho de asilo con algunos realistas.
Fernando VII recomendó benignidad al Tribunal «ya que el principal responsable del ataque a Cáceres (El Empecinado) había purgado su merecido». Efectivamente, en el proceso a que fue sometido y como resultas del cual fue ejecutado, entre otros muchos cargos, se le imputaron al Empecinado los estragos causados en Cáceres.
III. exclaustraciones y desamortización (1833-1868)
Don Ramón Montero (1830-1847), fue uno de los veintiún obispos convocados en la sesión del Consejo de ministros del 21 de abril de 1833 para asistir a la jura de la infanta Isabel como heredera por lo que su posterior enfrentamiento con los gobiernos liberales no puede atribuirse a la cuestión dinástica sino a la política persecutoria de los mismos en relación con la Iglesia. Se distinguió por sus artículos en defensa de los derechos de la Iglesia y denunciando las injerencias del Gobierno publicados en La Voz de la Religión. Más tarde, nombrado Senador del Reino en el período moderado, pronunció en la Cámara notables discursos haciendo pública una vez más su oposición a la política religiosa de los liberales.
Este obispo trató en numerosos escritos sobre la situación religiosa española,
sobre las malas costumbres, sociedades bíblicas, libros y espectáculos
inmorales. Exhortó frecuentemente a sus sacerdotes al cumplimiento de los
deberes pastorales y protestó contra las novedades eclesiásticas y contra la
propaganda protestante[11]
Con ocasión de la revolución que expulsa a María Cristina y coloca en el poder a Espartero, la Junta de Cáceres le destierra y confina. Estuvo el obispo encarcelado algún tiempo en Badajoz y volvió a ser perseguido de nuevo en 1843. Designado para el Arzobispado de Valladolid, falleció el 30 de marzo de 1848 sin haberse incorporado a su nueva sede. Tanto él como sus sucesores van a tener que hacer frente a las dificultades derivadas de los procesos de desamortización y exclaustración. Procesos cuyas consecuencias en la vida eclesiástica abordamos con brevedad a continuación.
Pese a las vicisitudes atravesadas por el Clero Regular desde comienzos del siglo XIX que, sobre todo en la época del Trienio Liberal (1820-1823), habían supuesto una importante merma de sus patrimonios y las primeras disposiciones de exclaustración, será la Ley de desamortización de Mendizábal (febrero-1836) la que tenga unas consecuencias más negativas para su propia supervivencia. Entre las numerosas casas conventuales afectadas en la Diócesis de Coria podemos citar el Conventual de San Benito y los de Religiosas de Sancti Spíritus y Los Remedios en Alcántara, el convento de Religiosas de Jesús junto a los de San Pablo y Santa Clara en Cáceres y las religiosas de la Madre de Dios en Coria. No menos perjudicado iba a resultar el Clero Secular y todas las instituciones a él vinculadas: Fábricas Parroquiales, Curatos y Beneficios curados, Cofradías, Capellanías, Obras Pías, Memorias, Disposiciones, Vínculos... La Catedral, el Cabildo, la Mitra, el Seminario, las parroquias, las cofradías... se iban a ver despojadas de un ingente patrimonio procedente de la donación de particulares, en su mayoría pequeñas parcelas de tierras y huertos así como algunas dehesas que permitían el desenvolvimiento de todas estas instituciones.
Entre el amplio elenco de los afectados, la Ley general de desamortización promovida por Madoz (mayo-1855) preveía también la venta en pública subasta de los bienes amortizados por los centros de beneficencia. De este modo los Hospitales, Hospicios, Casas-cuna, Casas de reclusión y expósitos y otros centros sufrieron en apenas unos años la pérdida de sus patrimonios y de sus tradicionales fuentes de rentas haciendo imposible su continuidad por la incapacidad de hacer frente a los gastos. Igualmente dañados resultarían los soportes materiales de los escasos centros dedicados a la enseñanza[12].
Por último, también el territorio cauriense se iba a ver afectado por la desamortización de los bienes rústicos procedentes de las Órdenes Militares pues en el distrito de este Obispado estaba enclavado el Priorato de Alcántara, perteneciente a la Orden Militar del mismo título con dos Arciprestazgos (Alcántara y Valencia de Alcántara) y numerosas Parroquias. Había otros pueblos (agregados al arciprestazgo de Coria) que, aunque pertenecían a las órdenes militares, dependían de la jurisdicción ordinaria del obispo, no diferenciándose de los demás de la Diócesis sino en la provisión de curato que se hacía por el Rey, previa oposición ante el tribunal especial[13]. En lugares como Alcántara, Brozas, Zarza la Mayor, Moraleja, San Martín de Trevejo, Membrío y Herrera de Alcántara se vendió un número muy elevado de hectáreas hasta entonces vinculadas a los Maestrazgos y Encomiendas.
Resulta sintomático que quienes se han ocupado de la desamortización desde el punto de vista historiográfico hayan puesto el acento en las consecuencias que tuvo desde el punto de vista del régimen de la propiedad de la tierra, superficies explotadas y evolución del sistema de cultivos. Pero habría que añadir el impacto que produjo al hacer imposible la supervivencia de numerosas instituciones privadas arbitrariamente por el Estado liberal de sus propiedades, la pérdida de innumerables obras de arte tanto arquitectónicas como imágenes y pinturas y cómo la lentitud del Estado para hacerse cargo del vacío provocado en la labor asistencial y de beneficencia iba a ser una de las razones del deterioro de la cuestión social que caracteriza a estos años. Algo parecido se podría decir ante las dificultades que supone para la Iglesia adaptar sus formas y estructuras pastorales a la nueva situación. Sin duda estamos ante una de las raíces históricas del proceso de descristianización que se acentúa en las décadas siguientes favorecido por las condiciones del trabajo agrícola, el bajo nivel de vida y la escasa formación religiosa.
IV. Conclusiones
Podemos ir terminando con una visión de conjunto acerca de la interpretación que se puede hacer de este enfrentamiento entre la Iglesia y el naciente Estado liberal.
Privada por la fuerza de las propiedades y rentas que
disfrutaba en régimen de paralelismo con la nobleza, perseguida por razón de
opiniones, exclaustrados, suspendidos o desterrados muchos de sus miembros,
invadidas sus instituciones y jurisdicción interior por el poder del Estado,
censurados sus escritos y asesinados un buen número de religiosos, hubo de
sufrir afrentas como no se recordaban en siglos y vivir uno de los momentos más
dolorosos de su historia en España […] nuestros liberales, y especialmente los
autoproclamados progresistas, emplearon con la Iglesia procedimientos que ellos
mismos hubiesen considerado antiliberales y atentatorios contra los más
elementales derechos[14].
La injerencia del Estado liberal en los asuntos eclesiásticos tenía una raíz muy propia del Antiguo Régimen: el regalismo que, en esto, no se esforzaron en superar si no en heredarlo y aumentarlo. No faltó un proyecto de ley (el cisma de Alonso) que pretendía la creación de una especie de Iglesia nacional de inspiración protestante. Y esta es la clave de explicación, no se persigue a la Iglesia ni por igualitarismo social —cercenar privilegios— ni por su apoyo —tan matizado— al carlismo. Por otro lado, basta seguir el encadenamiento de los hechos, para comprobar que las medidas antieclesiásticas por parte del Estado son anteriores a las declaraciones de los eclesiásticos: es decir, que la Iglesia protesta porque se sabe atacada, no al revés.
Los liberales sabían que no podían consolidar su dominio sobre una sociedad que en buena medida les rechazaba si no suprimía o encauzaba en una dirección favorable el influjo moral que la Iglesia ejercía sobre esa misma sociedad y en la que promovía una serie de principios y comportamientos incompatibles con el liberalismo. De conseguirlo, habría sido neutralizada la única potestad radicalmente independiente del Estado.
Por el contrario, en el lado de las resistencias a la implantación por la fuerza del Estado liberal encontramos una mentalidad común: la defensa de la verdadera libertad.
Desde nuestro punto de vista, si entre los defensores de don
Carlos encontramos miembros de tan diferentes sectores sociales, si durante
siete años se logra mantener, y con buen éxito, una guerra que vista la
situación de partida en 1833 parecía imposible que durara más de un par de
semanas, es porque los legitimistas combatían por uno de los primeros y
fundamentales derechos del hombre, el derecho a continuar siendo él mismo, a no
tener que cambiar, si no lo desea, su forma de vida y pensamiento. Por ello, la
presentación del carlismo como una lucha en defensa de la libertad, es una
constante de la propaganda legitimista[15].
A la vista de todo lo expuesto podemos concluir:
a) El arraigo en el pasado del secular conflicto Iglesia-Estado que atraviesa la historia contemporánea española y que no es algo coyuntural o resultado de problemas más o menos intrascendentes (por ejemplo, una simple querella dinástica). la íntima relación religión-sociedad no es algo impuesto artificialmente sino hondamente radicado en la entraña de cualquier comunidad el intento de provocar la ruptura, de desarraigar lo religioso será siempre un fenómeno conflictivo en todos los lugares donde la revolución moderna pretenda aplicar sus criterios y necesariamente desestabilizador y traumático en aquellas ocasiones en que logre alcanzar su objetivo. La historia española ha estado atravesada en los siglos XIX y XX por esta importante fuente de inestabilidad y desequilibrio.
b) La incapacidad del liberalismo español para articular un proceso de modernización económica y participación política se remonta a sus propios orígenes que dan paso a un modelo basado en los propios intereses y no en las reivindicaciones más auténticas de la nación. Las tantas veces repetida libertad e igualdad, ausente como en pocos sistemas políticos de la España del siglo XIX y comienzos del XX, apenas hace necesario recurrir a la crítica filosófico-teórica para la demolición polémica del liberalismo español.
c) La estrecha relación entre ortodoxia política y religiosa y la imposibilidad práctica de perseverar en la segunda cuando no se es consecuente con la primera. Entendemos por “heterodoxia política” la de todos aquellos que de hecho han negado la dimensión teológica en el plano político, la de aquellos que practicando políticamente un criterio puramente mecanicista se niegan a reconocer las exigencias éticas del obrar político, consideran la religión como asunto válido para los actos de significación personal e inválido para los de dimensión social.
d) La existencia ―aunque todavía minoritaria― de un episcopado y un clero afrancesado y colaboracionista e incluso los torpes intentos de reconciliar al liberalismo con la Iglesia puestos en práctica más tarde, ponen de relieve la licitud y necesidad de una resistencia en el terreno cultural y político fundamentada religiosamente a pesar de la oposición de algunos eclesiásticos, por muy arriba que éstos se sitúen. Por eso recordamos, para terminar, las palabras de Vázquez de Mella:
Cuando no se puede gobernar desde el Estado, con el deber, se gobierna desde
fuera, desde la sociedad, con el derecho ¿Y cuando no se puede, porque el poder
no lo reconoce? Se apela a la fuerza de mantener el derecho y para imponerlo. ¿Y
cuando no existe la fuerza? ¿Transigir y ceder? No, no, entonces se va a las
catacumbas y al circo, pero no se cae de rodillas, porqué estén los ídolos en el
capitolio.
Eso hizo el Obispo Álvarez de Castro: sellar con su sangre la fidelidad a su fe; y por eso, dos siglos después de su muerte le podemos seguir considerando un testigo en unos tiempos sometido a cambios: STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS - El mundo no deja de girar pero la Cruz permanece.
NOTAS
[1] FRAY RAFAEL DE VÉLEZ, Preservativo contra la irreligión o contra los planes de la falsa filosofía contra la Religión y el Estado, reimpr. en México, 1813, pág.100, en http://www.books.google.es (2008).
[2] Ibid. pág.110.
[3] Cfr. Ortí Belmonte, Miguel Ángel, Episcopologio Cauriense, Cáceres: Diputación Provincial de Cáceres-Servicios Culturales, 1959, p. 200.
[4] Cit.por Ortí Belmonte, Miguel, ob.cit., p. 157.
[5] Cfr. Circular ordenando se entreguen por vía de préstamo a la Junta Superior de Gobierno de la Provincia los caudales de Cofradías, etc. (15-junio-1808); Circular exhortando al alistamiento para la guerra (23-junio-1808); Pastoral (30-junio-1808); Circular en que se ordena se den gracias a Dios por la victoria de Bailén; Circular ordenando se hagan rogativas por la felicidad de nuestras armas y las demás necesidades de la monarquía (23-noviembre-1808) y Circular dando cuenta de la constitución de la Junta Central Suprema Gubernativa (8-diciembre-1808), en Ortí Belmonte, Miguel, ob.cit., p. 201-210.
[6] JIMÉNEZ DE GREGORIO, Fernando, «Martirio y asesinato por los franceses del obispo de Coria Dr. Álvarez de Castro», Toletum, 33 (1996) 125.
[7] Cfr. DUFOUR, Gérard, «Del catolicismo liberal al liberalismo exaltado: el canónigo D. Santiago Sedeño y Pastor», Trienio 1 (1983) 3-26.
[8] Partidario de don Carlos, intentó huir a Portugal a la muerte de Fernando VII pero fue detenido, procesado y condenado a ocho años de prisión en un Castillo de Filipinas. Murió en Manila en 1837.
[9] Cfr. ARTERO HURTADO, Alfonso, «El Empecinado en Cáceres», en http://www.camaracaceres.es/actividades/publicaciones/libros/completos/61/contenidos/artero.htm (2009).
[10] ARTERO HURTADO, Alfonso, ob.cit.
[11] MARTÍ GILABERT, Francisco, Iglesia y Estado en el reinado de Isabel II, Pamplona: Eunate, 1996, p. 119
[12] Cfr. García Pérez, Juan, Las desamortizaciones eclesiástica y civil en la Provincia de Cáceres (1836-1870), Cáceres: Institución Cultural el Brocense-Diputación Provincial de Cáceres, 1994, pp. 96-109.
[13] Cfr. MADOZ, Pascual, Diccionario Histórico-Geográfico de Extremadura. II, Cáceres: Publicaciones del Departamento de Seminarios de la Jefatura Provincial del Movimiento, 1955, p. 276. Esta edición reproduce la parte referente a Extremadura del texto original elaborado y publicado a mediados del siglo XIX.
[14] COMELLAS, José Luis, «Los liberales españoles contra la Iglesia», Razón Española, 80 (1996) 334.
[15] BULLÓN DE MENDOZA, Alfonso, «Revolución y contrarrevolución en España y América (1808-1840)», en Javier PAREDES (coord.), España, siglo XIX, Madrid: Actas, 1996, p. 103.
IMPORTANTE CONFERENCIA AUDIO-VISUAL SOBRE LA GUERRA CIVIL EN BADAJOZ
Real Sociedad Económica Extremeña Amigos del País, c/San Juan nº 6 - BADAJOZ
20´15 horas,
Conferencia de Fernando de la Iglesia y Francisco Pilo Ortiz
Nos informan los conferenciantes:
Lógicamente, también expondremos algunas fotografías de personas muertas enMás información en:
diversos lugares de Badajoz, todas ellas muy impactantes, entre las que cabe
destacar una tomada en el patio del Cuartel de la Bomba que Mario Neves describe
de este modo: “En el patio, cerca de las caballerizas, todavía se ven muchos
cadáveres: la inflexible justicia militar…Entre ellos, envuelto aún en la misma
sábana blanca en la que vino desde la cama del hospital, me muestran el del
alférez Benito Méndez”.Es decir que la escena que verán es la misma que Mario
Neves vio y describió.
Y, finalmente, mostraremos una fotografía que habla
por sí sola: Una imagen de la plaza de toros de Badajoz tomada el día 15 de
agosto.Evidentemente esa fotografía debería hacer que los revisionistas y
autores de ciencia ficción que han escrito infinidad de barbaridades sobre
fusilamientos en masa y la sangre alcanzando un palmo de altura, se planteen lo
que han llegado a decir y las falsedades que han potenciado en torno a lo que
ocurrió en la plaza de toros.
Estas fotografías, así como otros muchos
documentos, que en su día verán la luz, hemos podido conseguirlas tras un gran
esfuerzo, tanto económico como de tiempo, buscando en diversos archivos y, desde
luego, sin la inestimable ayuda de Moisés Domínguez Núñez, que nos enseñó el
camino y nos guió por sus intrincados laberintos, todos nuestros esfuerzos
hubieran sido vanos.
Desde aquí doy las gracias a Moisés y lamento que,
debido a la distancia y sus ocupaciones, no pueda estar con nosotros ese día
http://franciscopilo.blogspot.com/
CRISIS DE IDENTIDAD
Actualmente, hay en España 1.237 seminaristas. En los últimos años, en términos absolutos se ha producido un descenso, tendencia que con fluctuaciones parece imponerse como dominante al igual que la lógica disminución del número de sacerdotes, mermado por las defunciones, secularizaciones y ausencia de relevo. Si en muchas diócesis ya hay serias dificultades para cubrir la atención pastoral de las Parroquias existentes, de mantenerse las previsiones, en unos años será aún más difícil. Pero tal vez haya algo más dramático que la disminución del número.
Hace unos días se presentaba en Polonia el resultado de un estudio llevado a cabo entre cerca de 823 sacerdotes por Józef Baniak, profesor en la Universidad de Poznan e investigador especializado en sociología de la religión. Exponiendo sus conclusiones, declaró que más de la mitad de los sacerdotes interrogados sufría desde largo tiempo una crisis profunda en su identidad pastoral. No es necesario señalar aquí en qué terrenos (obvios, por otra parte) se manifiesta dicha crisis de identidad y cuáles son las reivindicaciones de los clérigos polacos. Este estudio ha sido hecho público después del anuncio de una baja del 36% de las entradas en los seminarios de Polonia desde el 2004 y ha provocado una reacción de negativa de medios eclesiásticos oficiales: «Todo lo que puedo decir, es que a menudo se recurre a generalidades en este estudio, y que es difícil de estar de acuerdo con las interpretaciones y las conclusiones presentadas», declaró Mons. Wojciech Polak, presidente del Consejo de las Vocaciones.
«Pero llegó el post-concilio y con él, el "nuevo cura". Ya todo terminó. El sabe
más que veinte siglos de catolicidad. En su inmenso portafolios lleva un
nuevo culto, casi una nueva religión, que aprendió de maestros holandeses. Y
un inmenso desprecio por la fe de aquel lugar.
Ya no vestirá sotana, vestirá
como cualquiera, y con torpe desenvoltura tratará de hablar y de
reír como los demás. Con él viene "la Iglesia de los pobres", pero él será
el primer párroco con coche ("instrumento de trabajo" para no estar nunca en
el pueblo). Para reconocer en él al cura es preciso apelar a nociones
abstractas, porque lo que se ve es la antítesis, su negación misma.
¡Qué afrenta a la fe, qué desprecio al pueblo fiel! Ya no hay unción ni
respeto, ni devoción, ni fervor.
Solo ruidos, innovación, petulancia e
impiedad. Ya los niños no acuden al paso
del sacerdote. ¿A qué fin? Todo cuanto ha existido debe ser cambiado por
"preconciliar". Ya no suenan las campanas del Angelus, ni el pueblo se reúne en
la Misa Mayor. Fiestas y procesiones han sido alteradas o suprimidas sin el
menor respeto; incluso el santoral ha cambiado. El culto divino se ha extenuado
hasta su extremo. Ya no existe el latín, ni el gregoriano de la liturgia
católica; toda la polifonía clásica ha sido estirada. Salmos con ritmo
protestante y ritmos irreverentes han ocupado su lugar. Y la estridencia, la
improvisación constante, el mal gusto. Altavoces por todas partes con su
resonancia metálica, altavoces de feria en el templo, hasta en los entierros.
(Sordo debe ser su Dios, o no los quiere escuchar). El silencio, el
recogimiento, la oración personal, no tienen ya cabida en el templo.
Y como substancia
de toda esta siniestra algarabía, la prédica "social" ¡Que todos
la escuchen callados, y que nadie se arrodille al comulgar...! Violencia a las
almas, violencia a las conciencias y a la sensibilidad... todo en nombre de la
libertad y del "hombre moderno"».
El Diario Digital "ARAGÓN LIBERTAD" cita nuestro Blog
EL GOBIERNO DE ARAGÓN CEDE TEMPORALMENTE LA EXPOSICIÓN "LA BRIGADA LINCOLN" PARA UN PROYECTO DE AMARGA MEMORIA EN OLORON
Nota complementaria de la Redacción sobre el mencionado proyecto de "Amarga Memoria":
En efecto, existen testimonios históricos -algunos recogidos por el historiador Angel David Martín Rubio (Cáceres) especializado en la Guerra Civil en el frente de Aragón en agosto/septiembre de 1937, y su represión posterior http://desdemicampanario.blogspot.com/ , consultado por ARAGÓN LIBERAL-, de que en Quinto las Brigadas Internacionales participaron en la represión como consta en la carta que a continuación se recoge y que es un impresionante testimonio de un miembro de la Brigada Abraham Lincoln. También el historiador Rob Stradling ha estudiado la represión llevada a cabo por los brigadistas de la XV en la Batalla de Brunete.
Según fuentes consultadas por el mismo historiador, una última consecuencia del fracaso en Belchite de la ofensiva para alcanzar Zaragoza, fue el recrudecimiento del control comunista. El castigo sufrido por los brigadistas internacionales fue tan enorme y la cantidad de bajas tal, que, por primera vez, se negaron a batirse. Hubo voluntarios que, rota toda esperanza, intentaron regresar a sus respectivos países pero carecían de documentación porque Moscú les había privado de pasaportes. Togliatti crea apresuradamente, para atajar el mal de la desmoralización, unidades disciplinarias y campamentos de "reeducación". Comenzaron a llegar multitud de policías escogidos, miembros de la policía secreta. Con la NKVD, la policía soviética, llegaron también técnicos de fortificación rusos que, en gran parte, fueron encaminados a Belchite.
CONFESIÓN DE UN ANTIGUO COMBATIENTE DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES

FIGURÓ EN EL PIQUETE DE EJECUCIÓN DE UN GRUPO DE VOLUNTARIOS CATALANES EN QUINTO (Zaragoza) Y HOY PROCLAMA LA GRANDEZA DE LA FE POR LA QUE MURIERON AQUÉLLOS
Nos llega una carta de un antiguo combatiente de las Brigadas Internacionales. Luchó en el Batallón Lincoln, conociendo toda la carga de muerte y tragedia de nuestro drama bélico, vivido desde sus trincheras. Figuró en el piquete de ejecución de unos voluntarios catalanes, en tierras de Aragón. Hoy, después de un periplo espiritual, incomprensible a los ojos humanos, pero lleno de lógica divina, es un fervoroso católico. Ha aprovechado la presencia de un misionero claretiano para escribirle una carta, densa de contenido humano y pureza cristiana, que nos recuerda las más patéticas y calientes efusiones del Señor de los grandes perdones y misericordias.
Frente a frente en España
La carta, merece ser meditada: divulgada y releída con destiempo para la reflexión el gozo y la acción de gracias. Nos habla William F. Mc. Carthy:
«Reverendo-padre Juan Corominas: Eventualmente acabo de descubrir que hace unos 30 años, usted y yo nos estábamos tiroteando en los frentes de España. Que actualmente usted está dando, un curso de espiritualidad a religiosas hispanoamericanas. Que en el programa de TV que usted presenta los domingos a las 12.30 en el canal 34 representa unos 47 o 48 años. Que en la apertura de dicho programa aparece Cristo con la oveja perdida, que mira hacia los brazos del Divino Pastor; y éste soy precisamente yo. ¡Que he sido la oveja perdida durante muchos, años!
Formé parte en las Brigadas Internacionales, concretamente en la Brigada 15 del Batallón Abraham Lincoln, en la Cía. de ametralladoras. En la primera ofensiva de los republicanos, en agosto-septiembre de 1937, me encontraba en el frente de Aragón, provincia de Zaragoza. Tomé parte en la batalla de Quinto y Belchite. Y en Belchite fui herido.
He estado en el partido comunista de América desde 1936 hasta 1952. Actualmente soy presidente de la sección de piedad de la Sociedad del Santo Nombre en la Parroquia de San Felipe Neri. Y hasta hace cuatro meses fui el presidente de dicha Sociedad. He sido y continúo siendo miembro activo de la Tercera Orden de San Francisco.
Un don especial
Efectivamente, fue un don especial para mi alma muerta, que al tercer día de la ofensiva en el frente de Aragón, en agosto o septiembre de 1937, en el pueblecito de Quinto, en la carretera de Belchite, formaba parte de un piquete de ejecución que disparamos con «Dum Dums» (explosivas) fusilando a unos 15 ó 20 jóvenes carlistas o requetés. Y por esto le escribo la presente carta. El padre Rafael me dijo que usted por aquel entonces tendría unos 17 años, y que luchaba como soldado en los ejércitos de Franco, y que muy bien podría haberse hallado en Quinto o Belchite.
He pensado que si usted regresa a España es posible que pueda llevar algún consuelo a los familiares de aquellos jóvenes de 18 ó 20 años que fueron fusilados por nosotros.
La orden de fusilamiento
Eran estudiantes, de unos 18 ó 20 años, yo diría que eran suboficiales entre cabos y sargentos. No estoy seguro de ello, pero creo que algunos de ellos llevaban el haz de flechas de los falangistas.
Cuando se dio la orden de fusilarlos una última chispa de mi alma muerta protestó del crimen; y consciente o inconscientemente levanté mi rifle como un buen pie sobre sus cabezas. A los diez metros de distancia, un pie sobre sus cabezas me daba seguridad de que gracias a Dios no disparé sobre ellos a sangre fría, en aquel día lejano de hace treinta años.
Nunca jamás, desde mi conversión, hace seis años, he mentido a un sacerdote. Sin embargo, yo estaba allí, yo formaba parte del piquete de ejecución.
El Señor ya me ha perdonado en el Sacramento de la Penitencia.
WILLIAM F. MC CARTHY.»
Reconciliación evangélica
Subrayemos la valoración, a través del parabólico proceso interior del comunista convertido, recordando la firme serenidad de los muchachos fusilados.
No dejemos de marginar la recia fe que nos brindan en su muerte, acorazados sus pechos con el escapulario y en sus manos el Rosario. ¡Siempre la Virgen en las horas punta de la vida, de la muerte y de la eternidad!
La reconciliación evangélica nos lleva a la fe; a la convivencia de la verdad en la caridad y a la síntesis equilibrada de todos los valores. Tras tantos años, la sangre fecunda de unos mártires españoles fructifica en los Estados Unidos en un corazón que encuentra la fe por la que murieron sus víctimas. Y hoy, mártires y quienes les apuntó con el fusil para la muerte palpitan en la más entrañable y misteriosa solidaridad y en una reconciliación sin trampa. Que no deja olvidada la vertiente teológica con su proyección política, por la que también murieron aquellos muchachos catalanes en Quinto
José RICART TORRENS,
Pbro.
Publicado en: La Vanguardia Española, Barcelona, 13-diciembre-1966
EL TERROR Y LA IZQUIERDA POLÍTICA: ¿UNIÓN INSEPARABLE?
Los Gobiernos de UCD y del PP, fugaces en el tiempo y en las realizaciones, habían renunciado a cualquier fundamentación de su labor en una concepción del hombre y de la sociedad —más allá de las mezquinas consignas liberales— y se limitaron a una gestión de los recursos económicos más o menos brillante en el segundo caso y desastrosa en el primero. Por el contrario, el Partido Socialista de González y de Rodríguez, fiel a una estrategia gramsciana ha laborado tenazmente y en la misma dirección para provocar un cambio social de tal naturaleza que las citas electorales se acaben convirtiendo en una simple convalidación de su presencia en el poder por parte de una colectividad configurada a imagen de los deseos del Gobierno.
Educación para la ciudadanía, memoria histórica, diálogo con los terroristas, despenalización del aborto concebido como un derecho, “matrimonio” de homosexuales, feminismo radical, reformas educativas… no son simples cortinas de humo para disimular la crisis económica como pretende la versión oficial del centro-derecha. Son los pilares irrenunciables de una obra de Gobierno que se inició en 1982.
carga negativa, inmoral, coactiva de las libertades existentes o proclamadas por
la Constitución. Alcanzado el poder, los socialistas pusieron en marcha no el
programa de acciones positivas anunciado, sino la liberación de sus
resentimientos personales y corporativos, el espíritu de revancha, el
“enchufismo” y favoritismo entre sus partidarios, las corruptelas, ampliamente
denunciadas por la Prensa, en los ayuntamientos en las comunidades autónomas y
en el mismo seno de la Administración gubernamental […] Satisficieron y
revivieron sus “viejos rencores” desmontando estatuas, y han defraudado no sólo
a su electorado, sino a quienes, siendo adversarios de su fe marxista, hubieran
aceptado todas las iniciativas que contribuyesen a mejorar la vida nacional
española, la unidad y la convivencia interna, el avance en el camino de la
justicia social y la consolidación del prestigio de España en la comunidad
internacional».
EL ESTADO SIN DERECHO
¿MEMORIA HISTÓRICA PARA SALAZAR ALONSO?

Imagen: Portada del libro: Bajo el signo de la revolución, Editorial Akrón, Astorga, 2007
¿COMO CALIFICAR A RAFAEL SALAZAR ALONSO SEGÚN LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA?
CASOS ASÍ DENUNCIAN LA MANIPULACIÓN DE NUESTRA HISTORIA RECIENTE QUE HOY SE PROMUEVE
En menos de un lustro la República le hizo concejal, presidente de la Diputación y alcalde de Madrid, tres veces diputado a Cortes y ministro de la Gobernación.
Desempeñó los cargos con honradez, celo y lealtad y rectamente orientado. Sin embargo los Tribunales de la República le condenaron a muerte...
No murió Salazar Alonso como Melquíades Alvarez, Manuel Bueno, Maeztu, Muñoz Seca y otro valores intelectuales a manos de los forajidos que armó la República presidida por Azaña y a los que extendieron patentes de inmunidad para sus crímenes Giral, Largo Caballero, Prieto, Negrín, Galarza, Pozas y demás ministros de entonces con el visto bueno del presidente de los parlamentarios Martínez Barrio.
A Salazar le encerraron en la Cárcel del Estado, le sometieron a proceso y le juzgaron Tribunales competentes; la sentencia condenatoria fundamentábase en resultados y considerandos, a tenor de lo dispuesto en el Derecho procesal. Aparentemente tuvo las garantías jurídicas que los Estados civilizados conceden a los reos de delitos políticos. Pero la verdad es que le asesinaron. El de Salazar Alonso fue lo que arbitrariamente acostumbra a llamarse un “asesinato legal”
COMO SE REALIZÓ LA DETENCIÓN
El 19 de julio de 1936, Rafael Salazar Alonso acudió, como de ordinario, al café... Advirtieron a Rafael el riesgo que corría si no se ocultaba. Refugiose en casa de su amigo, señor Reyes. A los pocos días, convencido de que su amigo corría serios peligros si continuaba ocultándole, se trasladó a una casa de la calle Raimundo Lulio. Acompañáronle los señores Cámara y Reyes. El día 31 de agosto las milicias de la FAI le detenían en dicha casa.
En la Prensa se dijo que le habían apresado en la calle. Es inexacto... induce a sospechar que se pretendió eludir la hipótesis de que la detención de Salazar obedecía a un “soplo”...
Condujósele a la Dirección de Seguridad y después a la Modelo. A toda prisa se le incoó proceso. En menos de un mes terminaron el sumario que es —puede comprobarse— un tejido de embustes y fantasías con las que se pretende dar realidad a un delito inexistente.
CONDUCTA DE LOS ABOGADOS REPUBLICANOS
Había que procurar un defensor al inculpado. Su buen hermano Carlos inició la búsqueda. Telegrafió a Barriobero, antiguo amigo de Rafael, que estaba en Barcelona. No contestó... se dirigió a Botella Asensi, ex ministro de la República y también amigo de Rafael... se excuso: teme fracasar... Y recurrió a Osorio y Gallardo... rechaza el encargo porque Rafael ¡es de derechas!...
Salazar Alonso resuelve defenderse a sí mismo. Y lo hace con la colaboración espontánea y desinteresada de Riancho...
EL PROCESO MONSTRUOSO
En los días 18 al 20 de septiembre se celebra la vista del proceso...
A Salazar Alonso le condenan a la pena capital porque ha pretendido libertar a España de la tutela de los partidos y de las organizaciones obreras de clase. Pugnó por un Estado garantizador del orden público y respetuoso con la propiedad y el ejercicio del culto católico y con los demás postulados del régimen social existente. Consecuente con este criterio, cuando en funciones de ministro de la Gobernación, hubo de enfrentarse con la huelga de Artes Gráficas de Madrid y con la general de campesinos, reprimió con firmeza las que reputó extralimitaciones de los huelguistas, y frenó las maniobras de los que, al socaire de las huelgas, intentaban subversiones de tipo político, llegando a clausurar la Casa del Pueblo de Madrid, fortaleza revolucionaria que los del Frente Popular y algunos del la acera opuesta consideraban intangible.
...Otra vez su ejemplar hermano emprende una peregrinación para salvarle la vida. Pide el indulto.
Solicita del ministro de Chile, decano del Cuerpo diplomático que interceda. El ministro accede “in continenti”. No se le oculta que desconfía de su actuación. Acaba de fracasar en la que ha hecho, en nombre de doce naciones americanas, para arrancar al duque de Veragua ¡el descendiente del descubridor del Nuevo Mundo! de las “checas” y no lo ha logrado. El duque de Veragua murió asesinado por la Horda.
Recaba... el concurso de Julio Carabias, amigo personal de Indalecio Prieto.
No puede complacerte —dice Rico—, comprometería mi popularidad...
- ¡Es inútil! ¡Es inútil! ¡A qué engañarnos! Ni yo ni el mismo Largo Caballero podemos hacer nada en obsequio de tu hermano. Somos unas marionetas de los revolucionarios!
Carlos se informa de que Azaña ha calificado la sentencia condenatoria de monstruosidad jurídica. Pero no hay indulto.
La noche postrera la pasa acompañado de varios amigos. Riancho uno de ellos. Rafael, locuaz como de costumbre... pronuncia una magnífica conferencia sobre el político, el político en la noble concepción aristotélica, el experto en el arte y la ciencia de gobernar los pueblos...
En el testamento... declara que muere en el seno de la religión católica, apostólica y romana y que con esta declaración rectifica los errores en que haya incurrido. Asevera que quiso evitar la revolución en España. “¡Dios salve a mi Patria! —agrega— Si muero, es que Dios sin duda ha querido ofrecer mi martirio, como el de tantos otros, o que no ha querido que mis ojos y sentidos contemplen el horror de días futuros...
...El “responsable”, Vergara, da muestras de hallarse impresionado. Salazar —le dice— no te mata la justicia; te mata el pueblo.
Al penetrar en el patio de la cárcel donde han de fusilarle, encuentra una masa de mujeres y hombres armados que se mofan de él y le insultan. Les han dejado entrar para que se solacen con el fusilamiento de aquel hombre bueno, nacido en medios humildes, que se ha elevado por su trabajo y por su inteligencia.















